Julio Ríos Calderón
Escritor y consultor
lunes , 01 de agosto de 2022 - 04:04

La amistad en un país de enemigos

Los amigos de verdad pueden contarse con los dedos de una mano. La amistad es la forma más perfecta del amor. A diferencia de las relaciones con la familia, con los amigos el vínculo se elige, no se hereda. A diferencia del amor de pareja, en la amistad no hay compromisos, ni pactos de exclusividad. Además, toda forma de amor demanda que haya amistad, pero la amistad no reclama que estén involucradas otras formas de amor.

El 30 de julio en nuestro país fue el 23 de julio se celebra en todo el mundo el “Día Internacional de la Amistad”, en honor a ese sentimiento desinteresado que es capaz de unir a personas muy diferentes, romper fronteras y tender lazos de solidaridad. Es tan poderoso por su naturaleza misma de bondad e incondicionalidad.

El reconocimiento oficial de esta efeméride ha sido iniciativa de la Asamblea General de Naciones Unidas en el año 2011, cuando proclamó el 30 de julio como el Día Internacional de la Amistad, a propuesta de la Cruzada Mundial de la Amistad.

Dicen que quien tiene un amigo, tiene un tesoro. Los buenos amigos son un calmante para la vida y un antídoto contra las enfermedades físicas y emocionales. Sin embargo, no todas las personas con las que tenemos un trato continuo son nuestras amigas. Ni todos quienes se dicen nuestros amigos lo son de verdad. Las amistades profundas y sinceras son escasas y, por eso mismo, es bueno que aprendamos a valorarlas. “No camines delante de mí, puede que no te siga. No camines detrás de mí, puede que no sea un guía. Solo camina a mi lado y sé mi amigo”. (Albert Camus).

Un amigo no aparece solamente cuando te necesita o cuando no tiene algo mejor que hacer. Por eso está al tanto de lo que te ocurre y no espera a que tú lo busques para hacerse presente. Le interesa saber sobre ti y será el primero en llegar cuando pases por un problema grave.

La preocupación que siente por ti es desinteresada. Simplemente te quiere y desea que estés bien. No “se muere” si te pasa algo malo, ni tiene la intensidad emocional de otro ejemplo de relaciones, pero tú siempre tienes la certeza de que él está ahí.

Quiere entenderte, no juzgarte. La amistad supone una aceptación mutua. Un amigo de verdad no quiere cambiarte, ni está en función de criticarte o cuestionar tu vida. Sabe que tienes defectos, pero no le interesa señalártelos. Y si lo hace, seguramente es con la intención de que sufras menos y no de que te conviertas en otra persona.

Un amigo de verdad está abierto a la comprensión. Si le hablas acerca de tus problemas, intentará entender tu posición y no remarcar tus errores. Por eso, con esa persona te sientes cómodo al ser tú mismo, al mostrarte tal y como eres. “Un amigo es una persona con la que se puede pensar en voz alta”. (Emerson).

Aligera las situaciones difíciles. Un amigo de verdad sabe que no es tu madre, ni tu confesor, ni tu psicólogo. Por eso, en lugar de sermonearte, o darte una cátedra del buen vivir, comparte los momentos difíciles contigo de manera espontánea y sencilla.

Si sabe que estás en desgracia, te invita a comer un helado, o a dar una vuelta por el prado. Si sabe que pasas por una situación desagradable, le restará drama y bromeará contigo para quitarle gravedad al asunto. Si sabe que sufres, estará a tu lado de una forma serena y no invasiva.

Sabe escucharte. Si algo distingue a la amistad verdadera es esa capacidad de escucha, que va mucho más allá de quedarse callado mientras otro habla. La escucha real es respetuosa y cálida. También está atenta a la palabra del otro y le ayuda a él mismo a escucharse.

Saber escuchar es no interferir con lo que el otro dice, si no es necesario. Es aceptar lo que el otro expresa, sin gestos o actitudes de desaprobación. Escuchar es acompañar en silencio a alguien, mientras da forma a sus ideas y a sus sentimientos a través de las palabras.

Un verdadero amigo te escucha sin juzgar. Es sincero y tiene mala memoria. Los grandes amigos no fingen, ni lo que piensan de ti, ni lo que sienten por ti. El encanto de la amistad está precisamente en que los involucrados se tienen confianza y saben a qué atenerse con el otro. No hay lugar para la falsa cortesía, ni para la hipocresía, entre los amigos de verdad.

En otro arquetipo de relaciones, un disgusto o una pelea puede pasar a mayores. Pero en la amistad no. La amistad verdadera olvida fácilmente esos conflictos y pasa la plana sin problema. Por supuesto que hay límites, pero en la amistad las desavenencias cotidianas hacen poca mella.

El objetivo de la ONU es transmitir este sentimiento como una herramienta para conseguir la paz –una pausa en nuestro país avasallado de mentiras, enemistades e injusticias–, acabar con la violencia y la pobreza, contribuyendo a una sociedad más justa y sostenible. En definitiva, que haya armonía dentro de los países y entre ellos.

El encanto
de la amistad está precisamente en que los involucrados se tienen confianza y saben a qué atenerse con el otro.
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