Juan Antonio Morales
Profesor emérito de la Universidad Católica Boliviana y expresidente del Banco Central de Bolivia.
miércoles , 18 de mayo de 2022 - 09:00

Juan Antonio Morales

La universidad moderna

El trágico suceso de Potosí nos obliga a repensar el devenir de nuestras universidades, tanto públicas como privadas. Teniendo la experiencia de más de cincuenta años de trabajo universitario, creo que puedo opinar con conocimiento de causa. Además, el refrán español dice que el diablo sabe más por viejo que por diablo.

Las funciones clásicas de una universidad son a) la formación de profesionales en las distintas disciplinas; b) la investigación científica; y c) la extensión hacia la comunidad. Pocas universidades en el mundo cumplen a cabalidad las tres funciones. En especial, son pocas las universidades que efectúan investigación de clase internacional, reconocida por sus pares. Son las research universities o universidades de investigación. Aún en los Estados Unidos, con todos los recursos con los que cuenta, no pasan de una veintena.

Cuando hay investigación, ella opera sinérgicamente con la enseñanza. No siempre, pero frecuentemente, es el caso de que los buenos profesores son, o han sido, investigadores reputados. El énfasis en investigación, empero, no debe desplazar en importancia a la enseñanza, especialmente en el pregrado.

Las convocatorias a cargos docentes, en las mejores universidades, son internacionales. No tienen requisitos de nacionalidad. Tenemos el ejemplo en la región, de las universidades chilenas más grandes y antiguas. Más bien, las buenas universidades evitan en lo posible la endogamia.

En las universidades modernas, la vida académica no se reduce a dar o recibir clases. Se la integra también con seminarios de investigación, con fertilización cruzada de ideas entre profesores y alumnos, con asistencia a conferencias y con publicaciones en revistas científicas indizadas. Se tiene también que contar con laboratorios, bibliotecas actualizadas y acceso a bibliotecas virtuales. En los Estados Unidos se tenía el lema “publicar o perecer” para los profesores que iniciaban su carrera. Esta visión no está empero exenta de críticas y sería difícil su aplicación en el país.

En el país tenemos recursos limitados, pero el ideal debe ser el de aproximarse, sino a los resultados, a la práctica de las research universities. Varias de nuestras universidades públicas se han beneficiado con la cooperación internacional y, es más, han obtenido fondos de investigación. Algunas universidades privadas también se han beneficiado con la cooperación internacional pero más modestamente.

Una buena universidad no sólo tiene buenos profesores, sino también buenos alumnos, que obtienen su licenciatura a tiempo y que ambicionan estudios de posgrado. Las universidades, financiadas con nuestros impuestos, no deberían darse el lujo de tener estudiantes eternos, a quienes no les interesan los estudios, sino, más bien, medrar del presupuesto universitario.

Es hora de revisar el cogobierno paritario docente-estudiantil, lo que no excluye que estudiantes participen en órganos de decisión. Nuestra objeción es a su carácter paritario, que es una reliquia de las universidades medioevales y se ha convertido en un obstáculo para lograr calidad.

Sería injusto ignorar el progreso significativo de nuestras universidades públicas. Es lento, pero se lo nota. Algunas facultades tienen buen nivel, con profesores y alumnos competentes y dedicados. Cuentan con una masa crítica de profesores que tienen doctorados de prestigiosas universidades extranjeras. Sin contradicción con la valorización anterior, los posgrados tienen todavía mucho camino que recorrer para llegar a la excelencia académica.

La coordinación entre universidades y las redes interuniversitarias de profesores e investigadores son esenciales, pero para existir no necesitan estructuras burocráticas. Se necesita más bien una buena reglamentación, incluyendo la de la carrera docente y un límite de edad para seguir impartiendo clases, siguiendo el ejemplo de la declaración de Bolonia de 1999 para las universidades europeas.

El cardenal John Henry Newman (1801-1890), fundador de la Universidad Católica de Irlanda, sostenía que la más importante función de la universidad es enseñar a pensar y fortalecer el intelecto. Esta sabia recomendación sigue teniendo pertinencia.

Las
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a cargos docentes, en las mejores universidades, son internacionales. No tienen requisitos de nacionalidad.
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