Carlos Armando Cardozo Lozada
Economista, Máster en Desarrollo Sostenible y Cambio Climático y presidente de Fundación Lozanía
martes , 24 de enero de 2023 - 04:04

Los populares de cuello blanco

14 años de Estado Plurinacional de Bolivia desde que la Constitución Política del Estado derivada de una Constituyente fallida, establecía entre sus tan extensos y alegóricos estribillos que simulan una canción que reivindica el deseo por días mejores más que un texto formal y sólido que sirva de guía para el actuar de todos los ciudadanos de un país.

Lo popular se impuso como una alternativa al pasado exclusivo de las clases dominantes; en teoría se devolvía el balance que tanto se requería para pacificar el país. Los excluidos, la Bolivia que no había sido tomada en cuenta por el Estado, esta vez se adueñaba de él para bien, haciendo parte activa de la formulación de leyes y políticas públicas sin intermediarios que efectivamente atiendan los problemas del “pueblo”.

Sin embargo, luego de todo este tiempo, lo que se obtuvo a cambio es el perfeccionamiento de los males del pasado. El totalitarismo popular se construyó progresivamente como una verdadera edificación que trasciende en la historia de la humanidad, digna de las Pirámides de Guiza, la Biblioteca de Alejandría o el Coliseo Romano. Tal vez su estética disimula parcialmente sus oscuros fines, por ejemplo: reclutar personas con algún rasgo que sugiera cierto origen campesino-indígena, siendo más precisos alguien que represente alguna de las 36 naciones reconocidas por la CPE.

La puerta principal del poder exige un pasaporte popular, uno con la suficiente “credibilidad” para eximirte de responsabilidades posteriores si es que tus acciones parecen negligentes, despreocupadas, abusivas e incluso ilegales. El gran poncho popular te protege si es que provienes de los lugares correctos, perteneces a los movimientos sociales correctos y sigues a las personas correctas. Sin embargo, las viejas clases dominantes, hábilmente adquirieron un espacio, inyectándose un poco de condensado de popular: ponchos, whipalas, moda fusión autóctono – occidental, ritos y celebraciones, dudosos pasados y raíces con el único fin de mimetizarse entre la ola popular.

En este punto del artículo es previsible que busque un país cualquiera con el cual compararnos; sin embargo, en su lugar les pido comparar la Bolivia previa al Estado Plurinacional con su versión actual. ¿Notan alguna diferencia? Los invisibilizados del ayer siguen mirando de palco mientras sus portavoces gobiernan en su nombre, pero como hemos visto, dentro de la homogeneidad de lo popular que más da un individuo de base a uno de “cuello blanco” que de manera sorpresiva terminó por monopolizar el poder, para un selecto grupo de privilegiados.

Ese privilegiado con pasaporte popular no solo requiere de credibilidad, debe estar dispuesto a sacrificar todo, cruzar límites que otros no se atreverían, traicionar sus principios y callar cualquier voz que lo disuada de robar, mentir, traicionar, matar. Un grupo de depredadores con sus respectivos carroñeros de bajo nivel, quienes se encargan de limpiar los huesos que quedan luego que los grandes han saciado “momentáneamente” el hambre.

Toda una ironía, lo popular puso en primera fila a sus supuestos mesías, vestidos con ropa ajena para que termine con el hambre de “justicia postergada”; 15 años después el hambre creció, por voto y aclamación popular.

Filas y filas de jóvenes ven con desolación que su país tiene cada vez menos espacio para los emprendedores, vale más un burócrata obediente que un empresario rebelde y soñador. Los jóvenes guardan algo en común con sus padres y abuelos, 3 generaciones educadas de la misma forma, un sistema que los defraudó porque sus responsables están convencidos que conviene más la mediocridad disciplinada que la competitividad reveladora del mundo.

Mientras 8 regiones apuestan al todo o nada en la tierra prometida, Santa Cruz, los que quedan atrás esperan imperturbables el fin de sus ciudades, el olvido del campo y la sinvergüenzura de sus autoridades. Mismos que están pagados con impuesto ajeno para convencer a sus gobernados que la pobreza es circunstancial y que el desarrollo siempre está en agenda, lastimosamente nace y muere ahí, en la boca del propio político.

El 22 de enero es una tarima MAS para que los populares de cuello blanco describan un espejismo en el desierto, enaltezcan logros y conquistas para sus círculos cerrados de poder y ratifiquen que la lealtad es para con el partido, como si este fuera un sinónimo de país, una suerte de nuevo nacionalismo moderno donde ya no se habla de boliviano, se habla del masista, por ende, todo aquel que se oponga a esta imposición sea tildado de enemigo de la patria y sus actos considerados como traición.

Felicidades Estado Plurinacional de Bolivia, 14 años de fortalecimiento político sindical a costa de los individuos, sin nacionalidad, los nuevos invisibilizados por el poder.

Sin embargo,
luego de todo este tiempo, lo que se obtuvo a cambio es el perfeccionamiento de los males del pasado
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