Carlos Hugo Molina
Abogado y Ciudadano en Ejercicio
martes , 10 de mayo de 2022 - 04:00

Ágora republicana

Matilde, la magia de la vida y la palabra

Escribí que estaba enamorado de Chabuca Granda. ¡Y de Matilde Casazola, también!

Matilde no necesita el Cóndor de los Andes; es Bolivia quien debe reconocer, humilde, que llegó la hora de hacerle justicia. “Califica su estilo como puro, con un trabajo interno en el mensaje que se traduce hacia afuera de manera sencilla” sentimos su voz personal, única, entrañable, que nos envuelve cuando empieza a hablar o cantar. Creció en Sucre, en entornos familiares convertidos en escuela de poesía, historia y música. “La poesía y la música han sido las musas que han marcado mi destino. “¿Ella?, que cante”, dijo Dios cuando me traían al mundo. Y he cantado Señor, tus maravillas. Los amaneceres hermosos, los atardeceres rutilantes de estrellas, todo lo que tu creación me dio para dar color a mi canto. Los misterios del amor, del dolor, y la muerte”

Dice Matilde que “el folclore se va transformando, nada es estático y como bolivianos, como personas nacidas aquí, podemos nutrirnos diariamente de cosas que tenemos; el paisaje en un país tan variado, desde el trópico hasta la puna, los andes; tenemos tanto que ha servido de inspiración a los artistas, en el oriente, los taquiraris antiguos, los carnavales de una sensualidad que tiene que ver con la naturaleza, la exuberancia, y han dado a Bolivia una semilla extraordinaria difundida por Gladys Moreno. Y en la cordillera, compositores como Adrián Patiño, Humberto Iporre de Potosí, el orureño Gilberto Rojas que ha diseminado por todo el país su talento en taquiraris, huayños, cuecas, por ejemplo, con “Flor de Chuquisaca” que en Sucre es un segundo himno... ellos han absorbido toda la fuerza que tiene esta tierra y la han expresado a través del arte.” (Entrevista en Piedra, papel y tinta)

Y mientras Matilde agradece a Emma Junaro que grabó el disco “Mi corazón en la ciudad” con sus poemas musicalizados, nosotros reconocemos la digna campaña de recolección de firmas que lleva Willy Claure para que se le otorgue el Cóndor de Bolivia. Sin embargo, sería justo que el gobierno, como parte de un acto discrecional esta vez positivo, libere a la alegría de procedimientos burocráticos que, en este caso, no son necesarios. Estamos frente a un caso, rarísimo, frente a quién sólo existen palabras de
reconocimiento.

Sus poemas/canciones nos envuelven en la rotunda sencillez de su profundidad. En, Cuento del mundo: “¿De qué color es el mundo?/Con asombro preguntó,/Justo del color que quiera pintarle tu corazón”. Varias generaciones hemos cantado Desde lejos: “Desde lejos yo regreso/Ya te tengo en mi mirada/Ya contemplo en tu infinito mis montañas recordadas/...Yo no logro explicarme con que cadenas me ata/Con que hierba me cautivas dulce tierra boliviana.”

Dice en Como un fueguito: “Se apagó el amor como un fueguito/Como un fueguito muerto de frío/Nunca más veré arder sus ojos/Arder sus ojos tan amorosos./Ay, del amor que se ha apagado/Tanto dulzor que me ha robado/¿Cómo iba a pensar que acabaría?/Si me decía: “siempre te he de amar. Tanto te amé, que ya mi canto se quiebra./Como un cristal, como agua que se despeña./Buscando el mar, buscando alivio a su pena./Tanto te amé, que ya mi canto se quiebra./Tanto te amé, tanto soñé tu ternura,/y aquí me ves, sola con mi pena oscura./Amarte fue acariciar una espuma,/que jura ser eterna pero se esfuma.”

Describe Mi corazón en la ciudad...: “Como una boca de fuego, como un volcán encendido/van mis minutos volando al encuentro del destino/la ciudad con sus pezuñas de plata presan mis sueños/mis sueños descuartizados así las nubes queriendo/hay las nubes caprichosas que en las mejillas del cielo/forman figuras hermosas para deshacerlas luego./Quemar canciones quemar sonrisas, lágrimas, besos/giran y giran las ruedas trituradoras del tiempo./Un torbellino de luces mi corazón repartido/desordena su compás, arrebata su latido/ay viajero donde vas, a donde vas peregrino/tras de una estrella fugaz voy a buscar mi destino.”

En “Tierra”, nos regala la sonrisa de la misión cumplida...: “Soy un poco de tierra/que adquirió un don milagroso/de la voz y del canto./...bendecid a la tierra,/que ella es la dueña madre de todo/encantamiento,/la fuente origen de perpetuo milagro./Cuando mis pies detenga,/cansada de su/continua ronda,/ella será mi almohada y mi reposo./Por ti la voz y el canto dominaron el aire/e hicieron lagrimear a las estrellas.”

De pie, Bolivia entera, ¡gracias Matilde!

Matilde no
necesita el Cóndor de los Andes; es Bolivia quien debe reconocer, humilde, que llegó la hora de hacerle justicia.
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