Carlos Toranzo Roca
Economista
miércoles , 18 de mayo de 2022 - 04:00

Pluri_multi

Modernidad y mestizaje

Alguna vez Gonzalo Lema me preguntó si es posible imaginar una modernidad: andino, amazónica, occidental. Creo que ese tema no está desligado del mestizaje, empero, al referirse al concepto de modernidad es bueno anotar de éste sus peros; muchos lo han identificado con el intento de construcciones sociales homogéneas que olvidan la diversidad o que, a veces, ocultan los fondos indígenas del país o de América Latina. Por ello, es bueno recurrir al auxilio de la historia para observar cómo se construyó el camino, sino a la modernidad, pero sí a lo contemporáneo.

Perú es un país de un fondo indígena tan fuerte como el de Bolivia o México, por ello Ciro Alegría en El Mundo es Ancho y Ajeno miraba con mucha atención a los indígenas y campesinos, otro tanto lo hizo, José María Arguedas, pero, curiosamente Perú (Lima) se construyó como nación olvidando a los campesinos, con un sello muy señorial, muy lo Chabuca Granda, con un sabor muy señorial, por eso quizás ahí caló Sendero Luminoso, mezcla de indigenismo y de “modernidad” marxista maoísta. Pero, también Lima se desarrolló con intensidad, articulada culturalmente al mundo, por eso surgió alguien como Mario Vargas Llosa con una mirada más universal. Pero, en los últimos años quién puede negar que Gastón Acurio, sin entrar a las grandes reflexiones epistemológicas o de construcción de las identidades, hizo lo que se reclama en la pregunta, la articulación de lo andino amazónico con la modernidad, o más bien, con la globalización; amalgamó las culturas china, japonesa, indígena aymara, quechua y amazónica con un Perú mestizo para lograr un salto en la gastronomía, para modelar una nueva cultura chicha que desarrolla una pujante economía de exportación. Perú tiene un alto desarrollo en Lima, pero con una gran carga de inequidad social, con demasiados pueblos jóvenes que viven en la miseria, todo esto agravado por una cultura cercana al racismo que no acepta de buen agrado a sus mestizajes, a sus cholos. El Sur peruano parece no existir para el Perú, pero sí está presente a través de las innovaciones culturales que empujó Gastón Acurio.

Chile es muy distinto a Perú, el tema indígena y la presencia de éstos en la historia no es intenso como el de la realidad peruana, Chile aisló a los indígenas o los reprimió, recién hace 20 años descubrieron al mundo indígena vía las movilizaciones de los Mapuches y ahora los recata en un Estado “plurinacional”. Tal vez por todo eso, los Quilapayun, Violeta Parra o Víctor Jara desarrollaron un mensaje, ante todo social para una sociedad que fue atormentada por la inequidad, por el no reconocimiento a los “rotos”, a sus mestizos populares; su música y su canto después subió el tono de la canción protesta al sufrir por la dictadura. Chile no hizo una revolución social profunda, como Bolivia o México, por eso, el gran desprecio de las elites sobre los “rotos” o todos los sectores populares. Pero ese Chile parió a un militante comunista como Neruda que llegó a la universalidad de las letras, siendo parte del ingreso a la modernidad, pero sin negar las grietas sociales de su país.

Chile con Pinochet o con los gobiernos de la Concertación de la Izquierda que le sucedieron hicieron un modelo de desarrollo donde primó el individualismo posesivo, quizás ellos compartían la idea de “modernidad”, entendida sólo como lógica de mercado. Si bien bajó la pobreza, creció en exceso la inequidad y la marginalidad social; recién hace dos años la sociedad chilena despertó de manera violenta contra la concentración del ingreso y la inequidad. Pero Chile tempranamente creó un Estado fuerte, mientras que Bolivia sólo desarrolló sociedad, y la deficiencia boliviana es no haber creado un Estado y una institucionalidad consolidada. La historia chilena marca su camino a la modernidad, pero sin los contactos andino amazónicos de otros países.

En Bolivia la Marcha al Oriente de la época del MNR revolucionario; después, la segunda marcha durante el proceso de cambio, que ahora se agudiza con una tercera marcha a Santa Cruz, reflejan una mezcla muy profunda entre el mundo andino y el amazónico, pero ambos cargados no sólo con los códigos comunitarios, sino “empuñando” la lógica de mercado, buscando no vivir, bien, sino vivir mejor al impulso de la lógica de la acumulación que no deja de poseer códigos de modernidad en un entorno de reforzamiento del mestizaje y de la interculturalidad.

La historia
chilena marca su camino a la modernidad, pero sin los contactos andino amazónicos de otros países.
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