Carlos Toranzo Roca
Economista
miércoles , 07 de septiembre de 2022 - 04:05

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Paradoja, Cuba me ayudó a adherir a la democracia

A dos meses del 21 agosto de 1971 caí preso, me dediqué a leer, a rumiar la muerte de mi hermano, asesinado en ese Golpe; yo estaba contra la dictadura de Banzer, hicimos huelga de hambre para pedir nuestra liberación; leí bastante, obviamente nada de marxismos, pues la policía, los “tiras” y los militares no dejaban meter esos textos, empero, si entró La Sagrada Familia de Marx y Engels, los polis creyeron que era algo religioso. Luego de casi un año en prisión salí al exilio a Chile, estudié dos semestres de una maestría en Escolatina, comencé a reestudiar economía en la Universidad de Chile, pues era solo egresado en Bolivia. En la maestría comencé a dedicarme al estudio de El Capital de Marx, simultáneamente trabajaba en la Escuela Nacional de Administración (ENA), nos ocupábamos de dar formación política a obreros chilenos, a dar clase didácticas de textos de marxismo, también daba clases en la U. de Chile y en la Católica. Aunque las izquierdas chilenas estaban entusiasmadas con Allende y creían en la llegada del socialismo, yo intuía que el golpe militar estaba cerca, por eso, mes y medio antes de ese Golpe mandé a Bolivia a mi esposa y mi hija Gabriela. Estudiaba El Capital, pero seguía con duda sobre el socialismo. Los militares chilenos perseguían a los bolivianos, por bolivianos y por izquierdistas; teníamos un doble “delito”.

Me asilé en la Embajada mexicana en Santiago, el 20 de noviembre de 1973 llegué a México. Comencé a dar clases en la UNAM, lo hice unos dos meses, pero el gobierno mexicano dijo que daba asilo a los chilenos asilados en su país, a todos los de otras nacionalidades, nos dijeron que el asilo no aplicaba para nosotros y que debíamos abandonar el país. Salimos con mi esposa e hija a Canadá, trabajé lavando platos; en la Universidad de York en Toronto daba clases voluntarias en español sobre El Capital a algunos latinos exiliados; nos quedamos nueve meses en ese país, conseguí pasaporte, antes no lo tenía, y volvimos a México. De nuevo trabajé de profesor en la UNAM, hice mi maestría, reestudié la licenciatura de economía, inicié un doctorado que no acabé pues murió mi tutor, René Zavaleta. Trabajé 14 años en la UNAM en la Facultad de Economía, diez años di clases en la maestría y doctorado de ciencias políticas. Me convertí en un especialista en El Capital de Marx, pero paradójicamente, ya no me interesaba ni adhería al socialismo. Era un “marxólogo” especialista en ese libro, pero, no un marxista, pues no me interesaba la revolución socialista.

En 1978 hice mi primer viaje a Cuba, me emocioné en ese país, pues había varias librerías, muchos libros, pero me di cuenta que eran los mismos textos, todos manuales muy cuadrados. Quien vivía en México se solazaba de la extraordinaria oferta plural de libros, nada de eso pasaba en Cuba; en el camino al hotel se podía ver cantidad de prostitutas, mujeres que querían un blue jean, no había televisión libre, el periódico Gramma sólo hablaba de Cuba, ésta era una isla donde el mundo no existía; me pude cruzar en la tienda para extranjeros con algunos miembros de la Nueva Trova Cubana, eran unos privilegiados, al igual que los del aparato político. No podíamos ir los barrios a hacer visitas libres. Esta primera visita Cuba me creó que la certeza que el socialismo no era la vía del futuro, ni que mi pensamiento podía quedar atrapado en esas ideas.

En 1979 visité la URSS, había mercado negro de dólares, estábamos bajo el cuidado de un comisario político, no nos dejaban ir donde queríamos, no teníamos libertad para movernos, era claro que no había libertad de prensa, de opinión, ni de expresión, ni existía respeto a los derechos humanos. En 1980 fui a un congreso de economía en la Habana. Mis impresiones de la visita anterior se repitieron con más fuerza, era visible la falta de libertad. En el Congreso nos sorprendió que los representantes cubanos fueran comisarios políticos que usaban manuales de marxismo y recitaban consignas dogmáticas. La delegación mexicana fue expulsada porque quería hablar El Capital de Marx, de textos neoclásicos de economía y porque desean hacer visitas libres a los barrios. Si en mi primera visita tuve una decepción, en ésta, la segunda, adquirí la certeza de que en Cuba había una dictadura. Esto me ayudó mucho al cambio de ideas, a acercarme a la democracia.

Los militares
chilenos perseguían a los bolivianos, por bolivianos y por izquierdistas; teníamos un doble “delito”
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