José Rafael Vilar
Analista, consultor y escritor
viernes , 08 de julio de 2022 - 04:03

Lo que pienso

Partidos o juntuchas – Saturnus Bolivianus

Días atrás leí reproducido en Publico.bo “Después de los partidos políticos, ¿qué viene?” (Sebastian Grundberger, Diálogo Político, 04/07/2022) y recordé el fracaso del sistema de partidos en Bolivia. Tomaré de Grundberger y de mi libro Cómo ganar elecciones (2019) para llegar a la situación actual.

En retrospectiva, el período democrático que en Bolivia se inició en 1982 se caracterizó por la intermediación política de los partidos, caracterizados como: «Asociación de individuos con ideales comunes y que persiguen alcanzar el control del Poder —generalmente por la vía democrática pero a veces violentamente...» (Cómo ganar elecciones)

Descontando la elección de 1985 —tras el acortamiento constitucional por la crisis hiperinflacionaria y política del período— cuando participó el récord de 18 candidatos, el promedio de partidos o alianzas participantes en las siguientes elecciones (1993, 1989, 1997, 2002) fue de 11; entre 1985-1997, los partidos hegemónicos (MNR, ADN y MIR) se repartieron el poder ejecutivo en diferentes combinaciones —la “democracia pactada”—, pero en las de 2002 MIR y ADN quedaron relegados —ADN prácticamente desapareció— tras dos nuevos actores nacionales: MAS y NFR, lo que inició un cambio de hegemonías partidarias que se manifestó más en 2005 —tras dos sucesiones constitucionales transitorias en 2003 y 2005— con mayorías principales para el MAS-IPSP—MAS a secas— y PODEMOS, dejando como tercer actor lejano a UN —desgaje y recombinación del MIR— y de cola al MNR.

Este momento es importante para el desguace de la partidocracia boliviana. Si desde la Revolución de 1952 en Bolivia el caudillismo había sido la tónica partidaria del MNR—con Paz Estenssoro— y que reafirmarían el MIR —desde 1971 con Paz Zamora— y ADN —1979 con Bánzer Suárez—, esto no impidió que estos partidos crearan estructuras sólidas —que los desgajes del MNRI y MBL no invalidaron— y que les permitió perdurar; importante les fue la formación de cuadros, principalmente por MNR y MIR.

La asunción del MAS al Poder en 2006 coincide, por lo tanto, con la desaparición acelerada del sistema de partidos y cuyo nuevo signo seguiría hasta 2019: coaliciones coyunturales u oportunistas —en 2002, Jorge Lazarte Rojas definió al MAS-IPSP “unión para tomar el Poder”. En 2005 la alianza PODEMOS ocupó el segundo lugar —lejos UN y MNR—; en 2009 el segundo (más distante) fue la alianza PPB-CN—lejos UN y AS— mientras MAS-IPSP estrenaba su “rodillo” de mayorías absolutas, y en 2014 lo fue UD —con menos espacios y con PDC pobre—, repitiendo MAS-IPSP el “rodillo”. Para cerrar la historiación, en 2019 se quebró el sistema de alianzas y, de yapa, se cometió un descarado —y descalabrado— fraude con huida del fraudulento y su corte, mientras para las elecciones de 2020 desaparecieron los actores de oposición que —solos o combinados— habían navegado las elecciones anteriores —DEMÓCRATAS y UN, también PDC—mientras surgían dos siglas desestructuradas —CREEMOS y CC, no-alianzas—hoy cada vez más debilitadas (juntas, con parlamentarios que los que tuvieron UD y PDC sumados pero con mucha menos efectividad y mutua coordinación), abanderadas por trazas de caudillos. El MAS resquebrajándose en tendencias—con caudillo desvayéndose— y las oposiciones... “ah, bien, gracias”.

Retomo a Grundberger quien nos da tres escenarios que denomina “pospartidistas” tras el fracaso partidario: el caudillo, la calle y lo que denomina el tinder político. Del caudillo, lo hemos vivido después del 52 y del 2006; la calle la tuvimos efervescente con las pititas el 2019 —y el 2006 con el NO y el 2007-2008 contra el Código Morales— y el 2020 —el Masismo desplazado del Poder aprovechaba la debilidad y desunión (¿cainismo?) que le siguió—(en 2019 “calle” tuvieron Chile, Colombia y Ecuador—éste recién de nuevo— mezclando justísimas demandas con un preciso plan regional desestabilizador); nos queda el tinder político, que Grundberger describe como: «Los clásicos partidos programáticos son reemplazados por franquicias electorales, normalmente agrupadas alrededor de un individuo, sin ideología ni programa, que se hacen y se deshacen en periodos cada vez más breves».

¿Les parece conocido?

Acá la Mentira-Madre se atraganta —puro puchi— con las grabaciones de Tuto, las confirmaciones de Susana y las confesiones de Omar y nuestro Saturnus Bolivianus se autofagita mientras sus hijos —no les pudo él— se lo comen: pregunten a Luis, David y Eduardo. Ni Ravi Shankar
salvaría.

La asunción
del MAS al Poder en 2006 coincide, por lo tanto, con la desaparición acelerada del sistema de partidos
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