Roberto Méndez Herrera
Periodista y docente
jueves , 09 de junio de 2022 - 04:00

Periodistas, descendientes de Hércules

Este 6 de junio del 2022, en medio de una tormenta de tierra y de humo de un incendio forestal en el camino, los periodistas de Santa Cruz vivimos una jornada épica en el predio de Las Londras, en la provincia Guarayos, durante la reconstrucción del peor vejamen que ha sufrido el periodismo en Bolivia, el 28 de octubre del 2021, cuando durante siete horas secuestraron y torturaron a seis hombres y mujeres de prensa que realizaban una cobertura de avasallamiento de tierras y fueron emboscados por encapuchados armados.

El género literario épico narra hazañas de héroes que representan los ideales de una clase guerrera y de toda una sociedad que asocia a estas personas con sus orígenes y destino como pueblo. Como cuando le dijo el rey Léonidas a su puñado de 300 espartanos poco antes de enfrentar al rey persa Jerjes que había invadido Grecia con su ejército de 250 mil hombres: “Preparad el desayuno y alimentaos bien, porque esta noche cenaremos en el infierno” y se puso al frente para defender a su pueblo y al derecho de vivir en libertad, en la batalla de las Termópilas, 480 años antes de Cristo. Y contuvo la invasión y aunque murió en ese cometido le dio tiempo a sus aliados para derrotar a los invasores en la batalla de Platea. Por eso en Grecia los asocian con Hércules, el Dios más valiente en la mitología.

Parecida a esa historia, a ese infierno, siete meses después contaron los seis periodistas Percy Suárez de la Red ATB, Silvia Andrea Gómez López y su camarógrafo Sergio Luis Martínez Galarza de la Red Unitel, Mauricio Egüez Simoné y el camarógrafo Nicolás Alejandro García Iriarte de Red Uno y Jorge Alberto Gutiérrez Ávila del periódico El Deber.

Vencieron el miedo que amenazaba con hacernos desfallecer, desde que el abogado de los dos detenidos amenazara con llevar 1.000 comunarios y luego, de manera amenazante, poco antes de partir se molestara porque un periodista de El Deber estaba realizando unas imágenes, tratando de coartar la libertad de prensa.

Fue duro. Volvieron a tenderse al piso y recordar cómo fueron pateados y sus cámaras destrozadas a balazos, para luego en un campamento al que fueron llevados, tener que beber por necesidad agua mezclada con sangre y pelos y recordar que amenazaron con quemarlos vivos.

Los periodistas respondieron al reto de la historia y narraron todo como para que no quede la menor duda de las torturas y vejámenes, dejando en evidencia la violencia, la autoría de los responsables y el flagrante atropello contra la libertad de prensa y libertad de expresión expresada en el pedazo de cámara de televisión encontrada en el lugar.

Queremos destacar de manera especial el orgullo que, como presidente de la Asociación de Periodistas de Santa Cruz, sentí al ver a colegas de tres generaciones mantenerse firmes en sus convicciones: a la de quienes pasan los 30 años de ejercicio periodístico como el caso de Percy Suárez de ATB y Jorge Gutiérrez de El Deber, a las intermedias como Silvia Gómez de la Red Unitel y a la de los nuevos valores que representan Mauricio Egüez de Red Uno y los dos camarógrafos que con mucha valentía mostraron que tienen el mejor oficio del mundo recorriendo sus venas.

Y fue grato también encontrar la respuesta de Róger Ticona de la Red PAT, quien logró escapar de la emboscada y alertarnos de la situación de sus compañeros mostrando también imágenes en las que se ve el campamento donde mantuvieron cautivos a los periodistas y cómo desde la tierra les abrían fuego.

El camino es largo y nos queda mantenernos con esa misma firmeza porque también vimos que a la reconstrucción de los hechos no asistieron los cuatro policías y tampoco los civiles de los predios afectados, porque según dicen, no fueron notificados.

En limpio queda que Las Londras fue una clase guerrera descendiente de Hércules, que como Leónidas, está dispuesta a enfrentar todo por el oficio, por la libertad de expresión y de prensa y denunciar a los cuatro vientos que existe un grupo armado de avasalladores de propiedad privada que actúa sin Dios ni ley y que son protegidos políticamente.

Los periodistas
respondieron al reto de la historia y narraron todo como para que no quede la menor duda de las torturas y vejámenes.
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