Antonio Soruco Villanueva
Ciudadano boliviano
miércoles , 23 de noviembre de 2022 - 04:00

Pese a quien le pese, Santa Cruz será líder nacional

Y no porque lo digan los cruceños, sino porque cada paceño, tarijeño, potosino, sucrense, cochabambino o beniano así lo percibe y lo siente, razón que explica el porqué del flujo migratorio a las tierras del Oriente en busca de mayores oportunidades de desarrollo y bienestar.

Occidente, con excepción de la actividad minera, ha quedado rezagado con respecto al desarrollo del Oriente, así lo demuestran los millones de bolivianos que en los últimos treinta años han dejado atrás el ancla del pasado y han abierto velas para beneficiarse de los vientos del progreso, aires de libertad e iniciativa privada que caracteriza al Oriente boliviano. Y así, como no existen barreras contra el viento, ni muros que lo detengan, el desarrollo cruceño, pese a quien le pese, seguirá arrastrando y seduciendo a otros miles de bolivianos, que con su empuje, coraje y dinamismo, contribuirán a incrementar el peso específico de Santa Cruz en el contexto nacional, y por ende, su poder y representatividad política. En otras palabras, la mejor política es seguir creciendo y demostrando, a propios y extraños, que más temprano que tarde el poder gravitacional que tendrá el Oriente será determinante, para la elección de sus futuros gobernantes; le pasó a Potosí, luego a Sucre, La Paz, la ciudad del Alto y ahora a Santa Cruz, que como lo demuestran las tendencias de las últimas décadas, el péndulo del poder económico y político se moverá hacia el Oriente boliviano.

Pueden ponerle toda suerte de zancadillas y desplantes al impulso cruceño y a su derecho de tener una representación acorde con su población y poder económico, pero la inercia de su desarrollo ya es imparable, imán que continuará atrayendo a millones de simpatizantes y convenciendo a sus actuales detractores, que más allá de las secantes ideologías que ofuscan la razón y azuzan rencores regionalistas, en el Oriente boliviano se respira un aire de energía y positivismo, donde las discusiones políticas o ideológicas y los patriotas de escritorio, es en lo último que se piensa, ocupados en arar la tierra, levantar empresas, reproducir el ganado, vivir, en pocas palabras, del esfuerzo propio. Las diatribas que les indilgan ante su indomabilidad y el justo derecho de saber su actual población y los recursos económicos y políticos que le corresponden, no hacen más que desvelar una oculta admiración y envidia generada por el éxito y la prosperidad.

El centralismo es como una hidra que crece constantemente, hipertrofiándose a medida que engulle mayor burocracia e ineptitud, desalentando la creación de empresas privadas, alentando el trabajo parasitario y azuzando la informalidad, es decir, el despiadado capitalismo, que funciona sin reglas ni beneficios sociales, a espaldas de la economía planificada que trata infructuosamente de dirigir y decidir las prioridades de la inversión nacional. Su hipertrofia no hace necesario que aparezca Heracles de la mitología griega, para cortarle todas las cabezas, puesto que su propio crecimiento, inorgánico e ineficaz, acabará finamente con ella, como le sucedió al gran aparato público de la ex Unión Soviética, que queriendo administrar todo el imperio que poseía, acabó desintegrándose, perdiendo el 50% de su población.

La verdadera unión o cohesión, comenzando por el matrimonio y terminando en los países, se origina en el acto libre y voluntario de unir destinos, para hacer algo hacia adelante. Tener los mismos sueños, vivir para hacer algo juntos, vivir unidos acicateados por un proyecto común, puesto que como afirma el filósofo Ortega y Gasset, no basta vivir de la resonancia del pasado. La convivencia nacional se debe interpretar dinámicamente, comprendiendo que la ilusión de realizar grandes obras, son los resortes que aglutinan el cuerpo colectivo. El pasado, por más glorioso que haya sido, no garantiza la unidad nacional, son los anhelos, los sueños y sobre todo la buena madera de sus dirigentes, que engendran el deseo de permanecer juntos. No se convive para estar juntos, sino para hacer juntos algo.

El poder público tiende siempre y dondequiera a no reconocer límite alguno. Las antiguas democracias de Grecia y Roma eran poderes absolutos, más absolutos que los monarcas de la época llamada absolutista. La idea de que el individuo, una región o un gremio limiten o se opongan al poder del Estado o quede fuera de su jurisdicción, no cabía en las mentes clásicas. La democracia no esquiva al absolutismo, es indiferente que se halle en una mano o en la de todos. Por ello, el verdadero demócrata se limita a sí mismo.

Vivimos tiempos de inflexión histórica donde se juega el destino del país. El respeto a la diversidad, a la autodeterminación de los pueblos, es una realidad insoslayable. Negar o luchar contra ello, es simplemente azuzar la división y el enfrentamiento. Occidente y Oriente deben ser como dos hermanos siameses, diferentes pero complementarios, cada uno con sus ventajas comparativas y sus formas de ser y pensar. Podemos vivir juntos, respetando las características propias de cada región y especialmente de Santa Cruz, cuna de razas y culturas, unidas por el progreso y bienestar.

Podemos vivir
untos, respetando las características propias de cada región y especialmente de Santa Cruz, cuna de razas y culturas
AVISO IMPORTANTE: Cualquier comunicación que tenga Página Siete con sus lectores será iniciada de un correo oficial de @paginasiete.bo; otro tipo de mensajes con distintos correos pueden ser fraudulentos.
En caso de recibir estos mensajes dudosos, se sugiere no hacer click en ningún enlace sin verificar su origen.
Para más información puede contactarnos

NOTICIAS RELACIONADAS

NOTICIAS PARA TI

OTRAS NOTICIAS