Sonia Montaño Virreira
Socióloga Feminista
domingo , 25 de septiembre de 2022 - 04:04

Con la boca abierta

Polleras: tradición, identidad y libertad

Hace unos días, vecinos y vecinas de Viacha vistieron con una pollera al alcalde Napoleón Yahuasi, como protesta por el posible incremento de los servicios de transporte y el agua potable. Tras innumerables críticas, especialmente de mujeres, incluidas las militantes del MAS, el alcalde reconoció que querían humillarlo pero que no lo consiguieron, anunció que las tarifas no subirán y terminó organizando un acto de desagravio a la mujer de pollera, pidiendo que se acabe la discriminación.

Cada vez que alguna comunidad quiere aplicar una sanción “leve”, visten de pollera al castigado quien posiblemente la próxima vez deberá enfrentar otras formas de “justicia comunitaria” como los chicotazos. Como los usos y costumbres no están establecidos en ningún código, aquí no faltan los y las vivas que, chicote o cámara en mano, disfrutan humillando a las personas y usurpando las hace mucho tiempo abandonadas funciones de la (in)justicia.

Se podrían llenar páginas recordando casos similares donde pobladores han aplicado un “castigo” similar poniendo en evidencia que todavía para mucha gente -hombres y mujeres- el machismo forma parte de sus más profundas convicciones. Le ocurrió el 2022 al presidente del Consejo de Cocapata, a quien obligaron vestir una pollera y un sombrero de mujer porque el alcalde no llegó a una reunión; el empollerado dijo gallardamente: “No había ninguna agresión, solo me han puesto pollera para hacernos quedar mal. No me niego que me han puesto pollera, pero no nos han agredido nada”. Su respuesta aun ambivalente tampoco consiguió humillarlo.

En diciembre 2015 le pusieron pollera al alcalde de Caquiaviri, en junio de 2020 lo hicieron en Kara Kara donde dirigentes fueron sancionados porque no convocaron a movilizaciones contra la cuarentena, en la Villa Imperial pusieron pollera contra dos funcionarios que no daban curso a la Canasta Familiar. Colocar polleras y sombreros de mujer a los dirigentes, es una forma bastante extendida de castigo que consiste en humillar a la persona, mellando su dignidad.

Lo notable es que hoy las mujeres de pollera son múltiples y diversas y han incursionado en tantas actividades y roles que ya no existe “la chola” que pueda representarse en un estereotiipo folklórico y unilateral. Están desde las Polleras Libertarias, anarquistas retratadas por Rivera y Lehm, las recoveras de Elizabeth Peredo, las trabajadoras del Hogar de Casimira Rodríguez, la gran Remedios Loza, las cholitas escaladoras, las skaters, las constructoras, las comunicadoras, las cocineras, las rockeras, las alcaldesas, las comerciantes, cineastas y un largo etcétera que muestran uno de los cambios más notables de la sociedad. Son también la cara más visible de la ocupación colla en el oriente y de un tiempo a esta parte forman parte de voces críticas al machismo en el poder. La fuga de Morales abrió nuevas avenidas para que “mujeres de pollera” desafíen su liderazgo cosa que no habían conseguido las de falda y pantalón. A diferencia de los hombres aymaras y quechuas, esas mujeres han conservado una prenda asociada con la exclusión hasta convertirla en símbolo de modernidad y orgullo interpelando a quienes todavía recurren al anacronismo de humillar autoridades imponiendo una pollera. Algo se mueve en la buena dirección. Lentamente y no sin dificultades estamos transitando de la práctica naturalizada de la discriminación al reconocimiento y la revalorización. Queda aún una zona gris donde lo que es una elección y reafirmación para muchas mujeres sigue siendo un mandato cultural al que no es fácil renunciar. Sin embargo, parece que cada vez será menos frecuente humillar a un hombre vistiéndolo de mujer y eso ocurrirá por convicción, por respeto o por lo menos por miedo. Las polleras seguirán siendo tradición, identidad escogida y un acto de libertad en beneficio de las nuevas generaciones.

Colocar polleras
y sombreros de mujer a los dirigentes, es una forma bastante extendida de castigo que consiste en humillar a la persona.
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