Rodolfo Eróstegui Torres
Experto en temas laborales
martes , 27 de septiembre de 2022 - 04:04

Atando cabos

Rasgos de la economía informal

Se ha constatado que en Bolivia el 80 por ciento de las personas trabajan en la economía informal. Es más, en algunos sectores, como el comercio, los informales comprenden, según la Organización Internacional del Trabajo (OIT), el 95 por ciento. En la década de los ochenta del siglo pasado se hablaba del Sector Informal Urbano (SIU), porque este fenómeno si bien era grande, no era tan extendido como lo es ahora. A partir del año 2002 la OIT recomendó dejar esa nomenclatura y referirse a este fenómeno como la economía informal debido que pasó, muchos países, a ser dominante.

Este sector se formó y creció debido a que el sector formal, también llamado moderno, no fue y no es capaz de crear los empleos necesarios para absorber la cantidad de recursos humanos que anualmente se incorporar al mercado de trabajo.

La informalidad no sólo está compuesta por las caseritas y caseritos que venden en las calles, sino que es un mundo tan amplio que involucra a la mayoría de las pequeñas y micro empresas. Cada unidad de trabajo tienen una división del trabajo entorno a la familia: generalmente el padre e hijos producen y la madre y las hijas venden. No debemos confundir la economía informal con la economía ilegal (contrabando, narcotráfico). Sin embargo, algunas actividades informales adquieren la mercancía que venden de las actividades del contrabando. Por ejemplo, venta de ropa usada.

Estas unidades de trabajo tienen una productividad muy baja. El Banco Mundial, en el boletín del Programa Bolivia, muestra una de las diferencias que existen entre la economía formal e informal dice que el 35 por ciento del PIB y el 65 por ciento del empleo se originan en la pequeña y micro industria, mientras que el 65 por ciento del PIB y el 35 por ciento del empleo son generados por la mediana y gran empresa. Esto se debe a los bajos índices de la relación capital/trabajo así como al uso de tecnologías relativamente simples e intensivas en mano de obra y con una débil división técnica del proceso productivo.

Sacrifican parte de sus ingresos para competir con la economía formal. Es como si a los trabajadores asalariados les rebajaran periódicamente el salario en vez de aumentarles. Más que una estrategia de competitividad, es una estrategia de sobrevivencia. Como muchas de las personas vinculadas al sector informal son trabajadores de empresas informales, en las cuales no se toma como referencia la normativa laboral y, al parecer, tampoco se respeta el salario mínimo ni la jornada laboral de ocho horas.

Podemos afirmar que este 80 por ciento de la informalidad está conformado por los excluidos del país.

Cuando se formula una política de apoyo al sector, generalmente para lograr el beneficio primero les exigen obtener un Número de Identificación Tributaria (NIT) y con ello se formalizan y al formalizarse les toca cumplir con un cúmulo de obligaciones y solo acceden a muy pocos y precarios beneficios.

Los trabajadores asalariados tienen sus derechos establecidos en la normativa laboral. Pero para el trabajador informal no existe una norma que les permita acceder, por ejemplo, a la seguridad social de corto y largo plazo.

Si bien en los últimos años se avanzó mucho en el financiamiento a las empresas de la economía informal debido a que descubrieron que estos eran buenos pagadores, pero en general los créditos bancarios están diseñados para atender a las empresas formales.

Están organizados en asociaciones de gremiales, o sectorialmente por el oficio que desempeñan: carpinteros, colchoneros, metalmecánicos, etc. En los últimos años estos gremios han dado muestras de fortaleza debido a su unidad y pasan trasladan la política del hemiciclo de la Asamblea nacional a las calles. Como dice Carlos Toranzo el bloqueo, la marcha y otras manifestaciones son expresiones de la informalidad.

Ese 80 – 20 está transformando el país y no en la dirección que los que están vinculados al 20 por ciento quieren que vaya.

Ese 80
– 20 está transformando el país y no en la dirección que los que están vinculados al 20 por ciento quieren que vaya.
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