Andrés Guzmán Escobari
Economista y diplomático boliviano
miércoles , 06 de julio de 2022 - 04:03

Reconfiguración geopolítica y multilateralismo regional

Existe un amplio consenso respecto a que la crisis del multilateralismo ha impedido desarrollar una gobernanza global idónea y oportuna. La incapacidad y falta de mecanismos apropiados de organismos de alcance global como las Naciones Unidas para mantener la paz y la seguridad, enfrentar el cambio climático, controlar la migración, reducir la pobreza y evitar las pandemias, entre otros importantes desafíos globales; son una clara muestra de que dicha crisis aún persiste y que la reconfiguración geopolítica que está provocando la guerra en Ucrania, lejos de ayudar a superarla, la profundizará.

De hecho, todo parece indicar que la crisis del multilateralismo se ahondará en los organismos globales, pero otra cosa muy distinta ocurrirá en los organismos regionales o sectoriales que, muy por el contrario, se fortalecerán. Por un lado, se afianzarán los lazos políticos, comerciales y financieros entre América del Norte, Europa y Oceanía (incluidos Japón y Corea del Sur) y, por el otro, también se estrecharán vínculos entre Rusia, China y las potencias emergentes del sur global. Sin embargo, al mismo tiempo se acentuarán las diferencias y rivalidades entre estos dos grandes bloques de potencias mundiales: las democracias liberales de Occidente y los regímenes emergentes de Oriente.

En ese sentido, el multilateralismo se desarrollará principalmente en organismos como el G7, la OTAN, la Unión Europea (UE), el AUKUS, el Quad, por un lado, y el BRICS+, la Organización de Cooperación de Shanghái, la alianza de repúblicas exsoviéticas OTSC, los Estados ribereños del mar Caspio y el G5 por el otro. Efectivamente, las cumbres que han realizado varios de estos organismos en el último tiempo, con la presencia de sus máximos líderes, confirman esta tendencia al multilateralismo regional, en que los posicionamientos políticos no sólo se han adoptado entre grupos de países, sino también en oposición a los miembros del otro bloque. Lo que nos hace prever el surgimiento de un multilateralismo no sólo regionalsino también antagónico, que contribuirá al desacople del mundo en al menos dos polos rivales y parcialmente desconectados.

En el polo occidental, la invasión rusa de Ucrania provocó una respuesta multilateral rápida y contundente: la UE aplicó duras sanciones económicas contra Rusia, destinó ayuda económica y militar a Ucrania (aunque insuficiente según el gobierno de Kiev) y aceptó a este último país como candidato a ingresar en la Unión. De igual forma, el G7, reunido recientemente en Alemania, además de aprobar otro paquete de sanciones contra Rusia y de comprometer más armas para Ucrania, volvió a anunciar el lanzamiento de un ambicioso plan de integración física e infraestructura para contrarrestar la Iniciativa china de la Franja y la Ruta, con cerca de 600 mil millones de dólares. En la misma línea, la OTAN, reunida hace poco en Madrid, incrementó sus tropas y sistemas de seguridad en los países cercanos a Rusia, e invitó a Suecia y Finlandia, Estados tradicionalmente neutrales, a ser parte de la alianza militar. Esto último, con la clara intención de escarmentar a Putin quien dijo que uno de los objetivos de su “operación militar especial” era justamente evitar que la OTAN se expanda hacia sus fronteras.

Por el lado oriental, la XIV Cumbre de los BRICS, organizada por China de manera virtual, si bien no hizo más que anunciar intenciones por reforzar el multilateralismo global y el comercio internacional, como una manifestación de intenciones por volver al auge de la globalización, también sirvió a Putin para mostrarse respaldado por las potencias emergentes y capaz de torear las sanciones occidentales. De igual manera, la VI Cumbre de los países del mar Caspio celebrada en Asjabad, aunque no fue un escenario de grandes anuncios debido a la reticencia de Irán por firmar la Convención que pretende repartir las aguas del lago más extenso del mundo, también sirvió a Putin para demostrar que no está solo y que sus contertulios, según dijo el Canciller ruso, Sergei Lavrov, estarían dispuestos a formar una alianza militar alrededor del mar Caspio.

En todo este complejo escenario de crisis, guerra y desacople, América Latina – salvo Brasil, México y Argentina – no está siendo considerada en ninguno de los dos bloques ni tampoco en las decisiones de la gobernanza global debido a su lamentable desintegración político-ideológica y a su cada vez más evidente insignificancia estratégica en términos económicos, poblacionales y militares.

De hecho,
todo parece indicar que la crisis del multilateralismo se ahondará en los organismos globales
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