Alberto Bonadona Cossío
Economista
sábado , 05 de noviembre de 2022 - 04:05

Economía de papel

Recursos y asegurados del fondo de pensiones en extinción

Mucho se habla de lo abultados que son los fondos que administran las AFP. No cabe la menor duda, son formidables en relación al tamaño de la economía boliviana. Sin embargo, se tiene que tomar en cuenta algunos hechos fundamentales. En primer lugar, son recursos administrados, esto quiere decir que no están en dinero contante y sonante en el escritorio de algún jerarca gerencial de las AFP, sino que están invertidos en valores financieros respaldados por un título, con fecha de vencimiento y una tasa de interés. Además, en esta forma de títulos están resguardados en una empresa de custodia premeditadamente creada para el propósito de protegerlos de la posesión física en predios de la AFP o de la Gestora Pública.

La comparación de los dineros invertidos en esos valores en proporción al PIB representó un 57% el año 2021, en medio de la pandemia llegaron al 58%, y en un año de mayor normalidad, como 2019, llegaron al 47%. No obstante, esta es una comparación que requiere una advertencia. Mientras que el PIB es un valor que se genera anualmente, los registros de los fondos de pensiones son valores acumulados desde el inicio del sistema (1996). Esta es una relación entre una variable de acervo (o de “stock”) y una variable de flujo. Algo así como todo lo que se acumula a lo largo de una vida laboral (departamento, auto, ahorros, incluso educación) con el sueldo que se percibe mensualmente multiplicado por 12 meses. Estas magnitudes no son perfectamente comparables, aunque dan una idea de la cuantía de los fondos de pensiones acumulados e invertidos. De todas maneras, la cantidad absoluta creciente de los fondos administrados, repito, muy significativa para el tamaño de la economía boliviana, alcanzó un total próximo a los 23.000 millones de dólares [1] el año 2021.

Hay algunos elementos que reflejan la evolución de la acumulación referida y es necesario observarlos con algún detenimiento. Año tras año el fondo administrado por las AFP ha ido creciendo, de 936 millones de dólares en 2001 a 23.401 millones en julio de 2022. No obstante, si se calcula la tasa de crecimiento de este fondo se obtienen tasas decrecientes cada año, al punto que se puede estimar que en tres años más el fondo ya no crecerá. Se puede argumentar que cada año hay más gente que cobra su pensión y naturalmente el fondo disminuye en mayor proporción que los aportes que se hacen. Además, la rentabilidad ha caído y no se puede esperar otra cosa.

Sin embargo, aunque el número de afiliados al sistema de pensiones ha crecido de 675.889 en 2001 a 2 millones y medio hasta agosto del 2022 (exactamente 2.566.742), la tasa de crecimiento de esta población asegurada muestra un paulatino e irreductible decrecimiento. De la misma forma que se estimó para los fondos, se puede estimar la evolución del número de los afiliados en tres años. La tasa de decrecimiento de estos afiliados coincide con la tasa de decrecimiento de los montos recaudados, al final apuntan a una caída vertiginosa que conduce al mismo alarmante estancamiento en que ambos ya no crecen.

De los más de dos millones y medio de afiliados, se estima para agosto 2022 que tan solo 820.605 cotizan efectivamente, y lo hacen porque tienen un empleo formal. En julio de 2021 llegaron a 803.107 aportantes efectivos. Quiere decir que únicamente un 12% de los que alguna vez pagaron el 10% para vejez, tienen un empleo que les permite continuar aportando. La diferencia, cerca del millón 700 mil, están desempleados o forman parte de la gran masa de informales. Recursos y asegurados con empleo son especies en extinción en un sistema de pensiones que clama por entidades que se preocupen y generen un efectivo cambio. Las cifras explicadas exhiben unas AFP que se durmieron en sus laureles.

El número
de afiliados al sistema de pensiones ha crecido de 675.889 en 2001 a 2 millones y medio hasta agosto del 2022
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