martes , 29 de noviembre de 2022 - 04:03

Reservas internacionales y precaria estabilidad económica

El preocupante nivel alcanzado por las reservas internacionales en divisas refleja un manejo poco serio de la economía y un desprecio a un sano ejercicio de consistencia macroeconómica.

En septiembre de 2022 el FMI concluyó la Consulta del Artículo IV con Bolivia, una evaluación técnica sobre las condiciones macroeconómicas que anualmente realiza este organismo en todos los países signatarios. A inicios de noviembre se hizo público el reporte detallado que destaca que el recurrente y creciente desequilibrio de las finanzas públicas introduce un sustancial riesgo a la estabilidad. Este documento recomienda también medidas importantes como la limitación del crecimiento de la inversión pública, el recorte de los subsidios a los combustibles, la eliminación del financiamiento monetario del BCB y el inicio de reformas para promover la inversión privada en sectores clave, entre otras. Obviamente, todo ello fue rápidamente desestimado por el gobierno.

Una cuestión relevante, a mi juicio, abordada en el reporte está relacionada con el mecanismo de fortalecimiento de las reservas internacionales implementado mediante lo que el FMI denomina acuerdos swap o de canje de monedas entre el BCB y las entidades del sistema de intermediación financiera local (EIF). Según varias publicaciones del Informe de Política Monetaria del BCB, esta medida comenzó en 2017 y vinculó modificaciones a la baja en las tasas de encaje legal en títulos en moneda extranjera con la creación del Fondo para Créditos destinados al Sector Productivo y a Vivienda de Interés Social (CPVIS). En aquél entonces se liberaron $us 349 millones que constituyeron aportes al Fondo y garantizaron el acceso de las EIF a préstamos por alrededor de Bs 1.900 millones a una tasa de interés igual a cero y a un corto plazo. Lo medular de la medida no fue la inyección de liquidez, sino el fortalecimiento temporal de las reservas internacionales.

En los subsiguientes años, esta medida fue replicada una y otra vez. Se disminuyeron recurrentemente las tasas de encaje en títulos en ME para liberar recursos que fueron a conformar nuevos Fondos, se recepcionaron aportes adicionales voluntarios de las EIF y se amplió en varias oportunidades la vigencia de los Fondos. A la fecha, el saldo levantado asciende aproximadamente a $us 3.000 millones y se encuentran vigentes los Fondos CPVIS II y CPVIS III, además del Fondo de incentivo para el uso de energía eléctrica y renovable (Fiuseer) y el Fondo para Créditos destinados al Sector Productivo (CPRO).

Una medida pensada para aliviar temporalmente la caída de las reservas internacionales se convirtió en una medida central de fortalecimiento de las reservas a mediano plazo. Aquí caben señalar algunas apreciaciones. Si se tratara estrictamente de un acuerdo swap de monedas, el derecho de contraparte de las EIF podría llevarlas a exigir la conversión de monedas al vencimiento, por lo que no habría correspondido que el BCB pudiese activar estos recursos como reservas internacionales. En cambio, la figura parece distinta cuando los Fondos se constituyeron con aportes de las EIF provenientes de la liberación de recursos derivadas de las reducciones de las tasas de encaje legal en ME, además que su vigencia pudo prorrogarse convenientemente. Lo que no está claro es si la no aplicación del derecho de contraparte de las EIF es extensible a los aportes voluntarios efectuados, los cuales representan casi tres cuartos del total.

En otras palabras, de ser exigibles estos últimos aportes la posición de reservas del BCB estaría fuertemente expuesta a un riesgo de convertibilidad, es decir, a una eventual dificultad para convertir los bolivianos en dólares estadounidenses y, consiguientemente, a una seria fuente de inestabilidad macroeconómica. En la misma línea y en una perspectiva más general, es preocupante la desproporcionada relación existente entre la masa monetaria en Bolivianos frente a los saldos precarios de reservas en divisas.

Así, una reversión decidida en el corto plazo de la expansión del gasto fiscal y de su financiamiento monetario, es una exigencia, no una opción.

De ser
exigibles estos últimos aportes la posición de reservas del BCB estaría fuertemente expuesta a un riesgo de convertibilidad
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