Mabel Franco Ortega
Periodista cultural
jueves , 05 de mayo de 2022 - 04:01

Carta a un Fénix

Retener y recordar

Este año, la memoria parece ser el personaje del Festival Internacional de Teatro de La Paz Fitaz, y no es que haya habido un acuerdo previo ni nada parecido. Es coincidencia; aunque en verdad ha funcionado, funciona, la sensibilidad de la gente que crea, que está alerta a lo que es importante ahora y que ha volcado en su arte esa capacidad para retener y recordar.

El olvido es un arma de doble filo. Si bien es necesario para no quedarse atrapado en lo intrascendente o lo insoportablemente doloroso, puede representar un desperdicio: ése que resulta del desechar la experiencia propia y de la comunidad, y que conlleva el riesgo de la injusticia, de la recaída.

La gente que se reúne en el Fitaz ha asumido, pues, que se debe recordar. Desde el número con que se identifica al festival 2022: el 13, cuando debía ser el 12, pues en rigor este último no se produjo en 2020, año de inicio de la pandemia. Para que con el paso del tiempo no haya posibilidad de olvidar cuanto ha representado un virus en nuestra vida, ahí queda asentado el número 12: como un vacío, como un paréntesis, como una suspensión y como una invitación a preguntarse de vez en cuando qué pasó, por qué pasó.

La muerte, en ese contexto de pandemia, de ser una realidad cotidiana pasó a constituir un listado de fallecidos y, en algún momento, seguramente temimos habernos acostumbrado, haber perdido la sensibilidad para asimilarla. El duelo es importante y el Fitaz, como espacio de vida, va a recordar a mujeres y hombres que se marcharon en el último tiempo. Son más de 30 y eso que no sabemos cuántos más fallecieron en ciudades y pueblos de Bolivia: tejedoras, alfareros, bordadoras, luthiers... A todos ellos y ellas se los va a traer a la memoria.

La programación –las obras que estarán en el teatro municipal Alberto Saavedra Pérez, Nuna Espacio Arte, Casa Grito, teatro Doña Albina, El Búnker, entre otros– dará asimismo paso a recordar a personas, momentos, procesos y en las más distintas formas que pueden, en escena, asumir las ideas y las emociones.

Por ejemplo, que estar vivo no significa olvidar a los muertos y que los muertos están muy vivos, lo celebra Tinkunakama (Tabla Roja, La Paz) con una Muerte bella y festiva. Muerte que en Ave María (Odin Teatret, Dinamarca) se siente sola, pero termina celebrando la fantasía creativa y la dedicación de una actriz que supo dejar una huella después de su partida.

Que morir es también un acto colectivo y que implica sepultar valores y luchas lo dice Monumentos (Itaú Teatro, Tarija), la obra que protagonizan tres estatuas preocupadas porque la sociedad parece haber olvidado por qué las erigió.

En Semillas de memoria (Ana Woolf, Argentina), las ausencias de un padre, de un desaparecido o de varios son el punto de partida para una obra que contiene ambas dimensiones: un mensaje personal en diálogo con una historia colectiva de resistencia, de identidad.

Resistencia e identidad que animan la obra Divino Anticristo (La teta izquierda, Chile), con un personaje callejero emblemático y una bailarina asesinada que reviven y por cuya humanidad fluyen los conceptos más contradictorios de la realidad chilena. Identidad y resistencia que bullen en Si nos permiten hablar (Teatro El Animal, Sucre), obra que revive la lucha de mujeres contra una dictadura militar.

Y está la memoria del espectador. Lo saben bien quienes han asistido a algún Fitaz y se han topado con lo inolvidable. Este 2022, la publicidad del boca a boca dice que esa obra puede ser Wajtacha (El Búnker, La Paz) o Palmasola (Bolivia-Suiza) o Ratas (Altoteatro) o La última horquilla (Teatro La Cueva, La Paz) o Cabaret efímero (Lume teatro, Brasil) o YouGou (Carlo Mö, España). La lista puede seguir, pues en total son 40 obras en cartelera: presenciales en sala o en calle, virtuales, para público adulto y para las wawas.

Para retener hay que exponerse, en este caso a obras escénicas de parte del país y del mundo. Para recordar –el dicho popular dice que es vivir– hay que tener algo intenso, distinto, entrañable, divertido, extraordinario guardado en la memoria. Debe haber algo así aguardando a la persona exacta entre el 6 y el 15 de mayo.

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