Agustín Echalar Ascarrunz
Operador de Turismo
domingo , 22 de enero de 2023 - 04:04

La curva recta

Sobre el Perú y el Alto Perú

La semana pasada el Gobierno del Perú ha dictaminado la prohibición a Evo Morales de ingresar al país. Esa determinación es comprensible en el sentido de que el expresidente de Bolivia había estado haciendo declaraciones y genuino activismo político en contra del gobierno, que mal que les pese a muchos es constitucional, y pidiendo la liberación del señor Castillo, que, digan lo que digan desde la sierra, ha tratado de hacer un golpe de Estado.

Pero es obvio que no es Evo Morales el meollo del problema, y no es la prohibición de su ingreso, lo que va a solucionar la terrible situación del Perú. De hecho, las grandes manifestaciones, ante todo en los departamentos del sur del Perú, ante todo en la parte montañosa de esa región, nos muestran un enorme descontento que no se puede soslayar.

Sin embargo, como todos sabemos, el descontento es algo tremendamente subjetivo, y ahí va mi reflexión. La gente que ha protestado, muchos de forma pacífica, y muchos de una manera violenta inaceptable, (a algunos les ha costado la vida), lo hacen enarbolando la idea de una nueva Constitución, y pretenden seguir el ejemplo de Bolivia.

Muchos en ese Perú serrano, pero también en Lima, ven a Bolivia como un ejemplo a seguir, a la Bolivia de Evo Morales, por supuesto. En mis conversaciones con gente de la calle, cuando se enteraban que yo era altoperuano y había tiempo para intercambiar un par de frases, lo más usual era escuchar loas a Evo y preguntas sobre cuán bien estaba Bolivia, incluyendo la admiración de que en Bolivia el gas fuera tan barato, (eso en la frontera se podía ver claramente, por las miles de garrafas de contrabando que se comercializaban a vista de todos).

Tratar de explicar que a pesar de los “exitosos” 14 años de Evo, Bolivia es un país mucho más pobre que el Perú, que hay poco trabajo, que la gente se iba al Chile de la concertación, al mismo Perú, al Brasil, o donde pudiera para trabajar, y mandar dinero a casa, que en educación Bolivia invierte por educando un tercio de lo que lo hace el Perú, que la mortandad infantil en Bolivia es el doble que la del Perú, que en Bolivia se consumían muchos productos peruanos, porque éstos son o más sabrosos o más baratos que en Bolivia, no ayudaba, pese al bastante robusto chauvinismo local.

Que la gente de nuestros países con una base de pobreza muy extendida esté descontenta, es algo que se puede perfectamente entender, (más allá de que hasta antes de ayer los peruanos que habían vivido un periodo de crecimiento económico extraordinario, reconocían en general que estaban viviendo mucho mejor que quince años antes), pero creer que esa situación se puede resolver siguiendo el ejemplo del proyecto Evo, es no solo un absurdo, sino una gran falacia.

El racismo y el clasismo campean en el Perú, de la misma manera que sucede en la Bolivia evista, estas dos taras van a ser superadas y están siendo combatidas ante todo con una integración económica, no con un discurso de odio. El racismo no se combate con más racismo.

Quienes hemos vivido el 2003 y el 2019 en Bolivia, ya hemos visto cómo funcionan ciertas cosas. Toda muerte es condenable, y el Estado debe evitar lo más que pueda el disparar contra un ciudadano, pero no se debe olvidar que las muertes arriba mencionadas beneficiaron a unos, beneficiaron a un proyecto político. Y cuando hay un crimen, toca preguntarse quién se beneficia con éste. A falta de un depósito de combustibles, bueno puede ser un aeropuerto, se organiza su toma, y la posibilidad de que alguien muera es grande. Me estremece la frialdad con la que algunos pueden manipular la pasión de algunos jóvenes.

Mas allá de todos los defectos y cuan despreciable pueda ser la clase política del Perú, estoy seguro que entre en lo que va del milenio, al Perú le ha ido mejor que a Bolivia, empezando, por supuesto, por sus índices sociales.

Estoy seguro
que entre lo que va del milenio, al Perú le ha ido mejor que a Bolivia, empezando, por supuesto, por sus índices sociales.
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