Augusto Vera Riveros
Jurista y escritor
lunes , 01 de agosto de 2022 - 04:03

¡Soez!

Todavía es una herida que no sana el que Evo Morales, conocido por su tozudez y acostumbrado al ejercicio dictatorial aún dentro de su partido, haya nominado al candidato a la Alcaldía de El Alto, desoyendo el clamor mayoritario de su militancia para que la saliente presidenta de la Cámara Alta y segunda dignataria de Estado en ese momento fuera la que tercie en las elecciones que en ese momento le permitiese optar al gobierno municipal de la ciudad que en los últimos veinte años más apoyo le dio.

Sostengo que hay todavía un resentimiento consigo mismo en el partido de gobierno, porque después del garrafal error de haber ordenado la renuncia colectiva de todas las autoridades de la Asamblea Legislativa Plurinacional bajo su control —y que derivó en la asunción de Jeanine Añez al mando de la nación—, el haber desechado, pese a las disidencias marcadas, la candidatura de Eva Copa, fue un yerro que no se perdona.

“Si fuéramos tan comprometidos... ni por putas la loca sería alcaldesa de El Alto”.

Qué expresión vergonzosa, vulgar y atrevida, viniendo de una alta autoridad de Estado. Y entonces, lejos de cualquier apasionamiento o antipatía por uno o por otro, más allá de cualquier afecto o desafecto por quienes por lo menos hasta hace un año y medio fueron parte del mismo instrumento, el conductor de “los satucos” —aquella fracción que provocó tanta antipatía por sus métodos— ratifica viejas conductas del actual viceministro, que una vez más hizo gala de sus bravuconadas, denotando su poca preparación intelectual en un evento absolutamente partidario celebrado en un ambiente de propiedad estatal. Y más allá de haber o no vulnerado la ley 348, la conducta misógina, machista y desproporcionalmente temperamental de Gustavo Torrico una vez más nos dio una muestra de lo que su boca puede.

Poco importa que el viceministro pida disculpas o que haya infringido varios preceptos de la ley contra el acoso y la violencia política hacia las mujeres, porque en Bolivia abundan las leyes, pero escasea la justicia, y de todos modos resulta muy difícil que el Estado a través de sus agentes pueda siquiera imputarlo.

Lo que es realmente preocupante es la recurrencia de este dirigente político de muy cuestionada carrera política; se lo cuestiona no gratuitamente, sino por un temperamental, irrespetuoso y torpe comportamiento en una actividad de la que cree saber mucho (porque no otra cosa significa dictar charlas sobre formación política), cuando la política es una ciencia absolutamente ajena a los alcances del soberbio servidor.

Y es que para ser un político en el ejercicio activo es necesario, por supuesto, sagacidad, que no es lo mismo que vulgaridad. La política es la continuidad de la ética según nos enseñan Aristóteles y Tomás de Aquino, pero si políticos como Gustavo Torrico se inscribe más bien en las concepciones modernas instituidas por Maquiavelo y especialmente sobre la tesis de que el fin justifica los medios, debe saber que es el partido del que él forma parte el que promulgó varias leyes que le prohíben desbocarse porque la política es un escenario de antagonismo y disputa civilizada donde se plantean diferentes posiciones y alternativas sobre la manera de entender y resolver los conflictos sociales para lo que la palabra y la argumentación deberían ser protagonistas en la construcción de las ideas. La denuncia, el rebatimiento vehemente, son válidos, pero la sarta fraudulenta y engañosa de intereses e ideologías mezquinos y la cruda violencia a que desde los círculos del oficialismo se ha impuesto como forma casi habitual de ejercerla, no tendría que formar parte del oficio.

Finalmente, ante la desmesura de la ofensa a la alcaldesa de El Alto, podemos decir que el peor enemigo de un hombre es otro hombre a decir de Hobbes, construyendo el concepto de política relacionándola con quien detenta el poder de gobierno.

Y es
que para ser un político en el ejercicio activo es necesario, por supuesto, sagacidad, que no es lo mismo que vulgaridad
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