Hernán Cabrera M.
Periodista y Licenciado en Filosofía
jueves , 01 de diciembre de 2022 - 04:06

Yañee

¡Son traidores...!

Qué palabra más usada por la derecha e izquierda, socialismo y neoliberalismo, masistas y pititas, cívicos y unionistas, camachistas y ucesistas, revolucionarios y conservadores, evistas y renovadores. Quizás es el calificativo más ajado en Bolivia para atacar o desprestigiar al amigo, compañero, pariente, militante o simplemente contra alguien que cuestiona, critica, analiza y tiene otra visión contraria de algún hecho, medida o declaraciones.

¿Qué es un traidor y qué es la traición? El portal Wikipedia dice: En Derecho, la traición se refiere al conjunto de crímenes que engloban los actos más extremos en contra del país de cada uno. Familiarmente, la traición consiste en defraudar a familia, amigos, grupo étnico, religión u otro grupo al cual pueda pertenecerse, haciendo lo contrario a lo que los otros esperan.

El Diccionario de la Real Academia Española así lo define: Traición: del latín traditio. Falta que se comete quebrantando la fidelidad y lealtad que se debe guardar o tener. En derecho, delito cometido por civil o militar que atenta contra la seguridad de la patria. Acción contra la soberanía o contra el honor, la seguridad y la independencia del Estado. Traicionar: cometer traición. Fallar a alguien, abandonarlo. Delatar.

O sea, quienes han empleado hasta el hartazgo esta palabra están equivocados. El traidor no es aquel que piensa, que habla, que opina, que cuestiona los mandos verticales de una institución o partido político. O se pone al frente del caudillo o jefazo para decirle las verdades y pedir acciones de reconducción.

En Santa Cruz, en los años 2006-2007-2008 los círculos cívicos, empresariales y cierta prensa tuvieron la osadía de declarar enemigos y traidores de Santa Cruz a varios ciudadanos y luego la lista se fue extendiendo y sin sonrojarse ni despeinarse incluso se daban el lujo de apuntar a esos traidores y declararles muerte civil, que implica: insultarles en lugares públicos, expulsarlos de un restaurantes, cerrarles las puertas para fuentes laborales, censurarles en los medios de prensa, amenazarlos con expulsarlos de su ciudad natal, buscar venganza con los hijos, etc.

En este largo conflicto por el Censo, otra vez, la palabra traidor resonó con toda su fuerza y amplitud, pero esta vez, se la usó en varios bandos: los cívicos contra los ciudadanos que cuestionaron el paro y no estuvieron de acuerdo con la medida de protesta, de la Gobernación que dispararon contra el rector de la Uagrm, y del MAS cuyo jefe nacional, tildó de traidores a sus propios diputados, senadores, ministros y al Vicepresidente del Estado por viabilizar la aprobación de la Ley sobre el Censo. “Son traidores: “No son ‘renovadores’, son traidores. Abandonaron las luchas históricas de nuestro pueblo y mártires de la revolución democrática cultural que ofrendaron vidas por la nacionalización de RRNN y la refundación de Bolivia. Traicionaron al MAS-IPSP, se sometieron a la derecha golpista”, dijo el expresidente.

Ahí están los “traidores” calificados, clasificados y apuntados por ambos bandos. ¡Qué palabrita más fea!

Los traidores si es que hay nombrar algunos fueron: Judas el Iscariote, vendió y besó a Jesús por 30 miserables pesos; Melgarejo, que se rindió a los pies del gobierno chileno; el delator que informó sobre la reunión de 8 dirigentes miristas para ser masacrados por la dictadura de García Meza en La Paz; Efitales de Tesala que delató a los 300 espartanos al mando de Leónidas dando información al enemigo para que éstos fueran vencidos.

Para ellos y para otros la palabra traición les viene como anillo al dedo, pero no para el conjunto de hombres y mujeres, que, tuvieron el coraje de no dejarse llevar por la ira colectiva y por hacer uso de sus libertades de expresión y de opinión les gritaron que son traidores de Santa Cruz y que deberían alistar maletas para irse a otras ciudades. Ni traidores ni enemigos. Son ciudadanos libres que exigieron el respeto a sus derechos y a los derechos de los otros.

No son traidores los diputados y senadores del MAS que leyeron la realidad compleja, conflictiva y tensa que se vivió en Santa Cruz con el paro y por el uso de la violencia de ambos bandos, quienes generaron un mínimo de consenso entre oficialismo y oposición para este importante paso asumido, que con seguridad la historia sabrá destacar.

El traidor no es aquel que ejerce sus derechos a opinar y no se deja atrapar por los fanatismos y radicalismos, porque lo más difícil aunque estemos en democracia es la capacidad que tenemos los seres humanos de dar rienda suelda a nuestras opiniones, que en palabras del periodista Josep Pulitzer, genera cambios en toda sociedad: “Es una convicción basada en pruebas, una afirmación secundada con argumentos o un punto de vista adquirido, quizá de forma inconsciente, a través del hábito de leer. Así, la opinión pública podría describirse como la suma de las opiniones personales. Es lo que sienten o piensan las masas, la mayoría. La opinión pública regula la conducta de una comunidad y por ello es una ley no escrita: el sentimiento dominante que representa un acuerdo o un código moral y de educación común”.

Ni traidores
ni enemigos. Son ciudadanos libres que exigieron el respeto a sus derechos y a los derechos de los otros
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