Julio Ríos Calderón
Escritor y consultor
miércoles , 25 de mayo de 2022 - 09:00

También Charcas la culta está en ti

Libertad, libertad es el grito que se escucha por doquier resonar de las grietas andinas al llano y del llano a las ondas del mar. Una de las frases más simbólicas de la independencia boliviana se encuentra incluida en el himno al departamento de Chuquisaca que el 25 de mayo festeja su efeméride. Indeleble el sueño de Bolívar, sagaz el pensamiento de Andrés de Santa Cruz, asombrosa la valentía de Sucre. Hombres de intelecto y patriotismo que hoy ya no existen.

Pueblo enarbolado de banderas revolucionarias que aún asoman en su flamear, la faz de su heroína Juana Azurduy de Padilla, cabalgando por polvorientos caminos tras rescatar la cercenada cabeza del valiente esposo, Manuel Ascencio Padilla, en la más patética imagen de heroísmo contemplada con los ojos de horror nebuloso de los yamparaes.

Las otoñales páginas de la historia refrescan fechas y nombres: 1540, Pedro de Anzúres funda Chuquisaca. 1552 fundación del Obispado de La Plata. 1560 se edita en Valladolid: Arte y Gramática de la Lengua Quechua. 1809, rebelión armada contra el dominio español. 1825, proclamación de la independencia de Bolivia.

Más de doscientos años en pos del progreso. El linaje de Sucre extendido por los caserones de blancas fachadas. Su cultura, rememorando la cuna de libertad y sabiduría desde los muros de una de las universidades más prestigiosas de Bolivia: Universidad Mayor Real y Pontificia de San Francisco Xavier de Chuquisaca, donde se escucharon las primeras voces de rebeldía.

Sus calles y avenidas abren espacios hasta donde convergen historia, fantasía, duendes y amoríos. Imponente el Churuquella, en diálogo con el Sica Sica, velando por la ciudad. La capital del Estado Plurinacional asoma nuevos rincones que permiten palpar su historia desde el silencio de sus viejas construcciones. Es penetrar en la penumbra de sus colosales templos, en una gigantesca exposición plástica, reveladora del talento de los pintores, arquitectos y escultores surgidos en el Virreinato, en la Colonia y la República. Barroco, Manierismo, influencia flamenca, romanismo y arte moderno, sin olvidar las creaciones indígenas, brillantes en su artesanía.

Cargada de gloria está la Casa de la Libertad, donde aún parece departir las figuras emblemáticas de los Padres de la Patria. La Glorieta que tuvo príncipes, con sus fantasmas y sus oropeles aristocráticos y un Prado con la Corte Suprema de Justicia. A todo ello se suman edificios bancarios, históricos colegios, monumentos a próceres de la independencia y un señorial teatro. Sumar a todo aquello plazas, parques y lugares de paseo, es tener presente la visión de una ciudad encantadora, declarada Patrimonio Cultural de la Humanidad.

Puna, valle y subtrópico, encierran en sus entrañas la riqueza natural, sumándose la biodiversidad entre flora y fauna salvaje. Los jalq’a, tarabucos y guaraníes, son testigos vivientes de un pasado que no pierde sus raíces originarias. El carnaval de Tarabuco, destaca su espectacular coreografía y la interpretación de la música del Pujllay. Yotala ya es una nueva zona residencial que, por otra parte, llama al descanso.

Cajamarca, es otro lugar de ensueño con poéticas aguas cristalinas limpiando los peñones y vigorizando los altos pinos, cuyas sombras refrescan un bosque con orquestación de pájaros. Y los que llegan hasta la capilla de Chataquila podrán escuchar oraciones de piedra, materia prima con la cual fue creado ese espacio elevado al Ser Supremo. En el mismo lugar, el homenaje de admiración y agradecimiento a Tomás Katari, traduciéndose en Ave Marías, como un ofertorio a su memoria. El tiempo se detuvo en Pumamachay donde la pictografía certifica unos mil quinientos años de antigüedad.

La culta Charcas, es un hospedaje en medio de paisaje cautivante, pues muestra singulares prodigios de la naturaleza, en un ámbito de silencio, sólo interrumpido por las voces que nacen en las arboledas. Amorosos hoteles concebidos con visión restauradora y descubrimiento de tesoros ocultos que Luis Rodríguez Calvo y Sandra Pacual, encontraron en Sucre. Si de allí seguimos avanzando, nos encontramos con otra faz de la Chuquisaca tradicional: Potolo, donde las formas zoomorfas de sus textiles son el certificado de la creación artesanal conservada en los años. Cada una de esas piezas tejidas al impulso de un lenguaje abstracto, nos habla de tiempos remotos, de fe pagana y de creencias míticas propias de los jalq’a.

La lengua quechua endulzada en las frases de bienvenida, pone un tinte especial, allí donde las serranías y el río que baña sus sembradíos ya son otro motivo de particular atracción. Treinta kilómetros hacia el norte de Sucre, hay huellas que impresionan, al transportarnos a mundos desconocidos. Son las huellas de dinosaurios, vestigios de especímenes monstruosos que dominaron la Tierra, dejando a su paso la identidad de su presencia solitaria en la región llamada Cal Ork’o, imagen del farallón con huellas de 332 especies, origen del Parque Cretacio, réplica paleontológica de abelisaurios, iguanodontes, titanosaurios y reptiles marinos.

Sus calles
y avenidas abren espacios hasta donde convergen historia, fantasía, duendes y amoríos.
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