Mauricio Medinaceli Monrroy
Consultor energético y exministro de Hidrocarburos (www.mmedinaceli.com)
jueves , 04 de agosto de 2022 - 04:05

Del Blog de Medinaceli

¿Y si todos tuvieran mucho dinero?

Esta semana compartí un video de Tiktok con mi Santi, en él, una persona criticaba que una marca muy famosa de ropa vende a precios ridículamente altos una bolsa de basura. Luego de ver el video, vino Santi y me preguntó: “Pa, pero si todas las personas del mundo tienen dinero, si ya no hay pobres, si todos sus problemas están solucionados ¿por qué uno no podría comprar estas cosas?”.

Ríos de tinta cubren las praderas de la ciencia económica con preguntas como ésta y todas sus posibles respuestas.

Hay un grupo de colegas (economistas) que estarían de acuerdo con que la gente compre una bolsa de basura en mil dólares; es libre de hacerlo y además, como las personas son agentes racionales, las decisiones tomadas serán siempre las adecuadas.

Por otra parte, hay otro grupo de colegas que piensan que es el Estado (el papá Estado) quien debiera decirnos qué consumir y en qué trabajar. Ya sea porque es inmoral gastar tanto dinero en una bolsa de basura, con tantas personas pobres en el mundo o, porque ese gasto daña en extremo el medio ambiente. Este grupo, con alta probabilidad, desearía que el Estado limite el consumo de las personas.

Hay muy buenas razones detrás de ambas posiciones. El apoyo a la libertad sobrevivió (y aún lo hace) muchas posiciones en contra porque, desde mi perspectiva, es sólidamente sencillo. Pensemos por un momento que las personas no son libres de comprar lo que quieran, entonces surgen inmediatamente dos preguntas que parecen sencillas pero forman un monstruo capaz de devorar cualquier argumento: ¿dónde está el límite entre aquellas cosas buenas y malas que se pueden comprar? y, más complejo todavía ¿quién pone este límite?, ¿un burócrata del Gobierno?

Veamos el otro grupo.

¿Somos realmente, los seres humanos, racionales? ¿Tenemos la capacidad de escoger lo que es bueno para nosotros? Hasta hace algunos años las principales críticas al llamado agente racional venían desde el plano teórico, Amartya Sen es uno de los principales representantes de estos cuestionamientos. Sin embargo, hoy en día, las críticas vienen también desde el mundo empírico.

La economía conductual, test psicológicos, el estudio de los procesos cognitivos, escaneos del cerebro, entre otros, nos sugieren que el ser humano está lejos de ser racional y, peor aún, somos muy influenciables y perezosos a la hora de cambiar de comportamiento. “Más vale lo malo conocido, que lo bueno por conocer”. Vamos con un ejemplo.

¿Cómo elige usted una salteña? Se sabe que mi amigo Mauracio de Twitter la escogería sin aceituna. Pero más allá de ello ¿Por qué usted compró la salteña que compró? ¿Es que usted probó todas las salteñas de la ciudad de La Paz, las ordenó desde la mejor hasta la peor y luego eligió aquella que más le gustó?, (que en teoría es lo que hace un agente racional) o ¿simplemente compró la salteña de siempre sin probar otras experiencias? Parece que muchos actuamos de la segunda manera. En mi caso, las supersalteñas serán siempre mi elección, aunque sé que las de Patikos son excelentes.

En este contexto, si somos así ¿es el Estado el que debe solucionar nuestros problemas? ¿Es el Estado el que nos debe cuidar de los contratos financieros? ¿Es el Estado el que nos debe proteger de alimentos no saludables? ¿Es el Estado quien nos debe obligar a consumir obras culturales que quizás no nos interesan? ¿Es el Estado el que debería protegernos de malas prácticas médicas? ¿Es el Estado el que debería obligarnos a tomar buenas decisiones?

Y es aquí, cuando uno intenta responder estas preguntas y poner límites, que el argumento de la libertad emerge como un sólido faro. Un gigante, brillante y hermoso faro... que, sin embargo, parece guiarnos a playas peligrosas.

Hoy en día la ciencia económica se encuentra discutiendo estos temas, por ello es ciencia, porque no existen argumentos escritos en piedra.

Para terminar, si por alguna circunstancia encuentran a mi Santi, díganle que su papá aún está detrás de una respuesta adecuada a su pregunta. Díganle que busca y rebusca en sus libros de economía esa respuesta mágica que no existe. Díganle que su papá piensa que está mal comprar una bolsa de basura en mil dólares, pero que aún no sabe el porqué está mal.

Ríos de
tinta cubren las praderas de la ciencia económica con preguntas como esta y todas sus posibles respuestas
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