Textura violeta

La “aventura” del diputado, los cuerpos y la sordera

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martes, 30 de octubre de 2018 · 00:02

Ahí está la persona tonta que sonríe cuando se entera de que una mujer era “solamente una aventura” de un diputado/asambleísta y le resta, por ello, importancia a su denuncia de violencia machista; más allá, otra persona tonta que hace mofa de los reclamos por publicidades en las que muestran a mujeres desnudas. Tontería y sordera del alma.

Se trata de dos casos que vienen apareciendo bastante en los medios en los últimos días y que suscitan comentarios en las redes sociales. Casos que parecen distintos pero que, al final, tienen el mismo sustento y tipo de protagonistas y gente que les aplaude, porque son muy similares, aunque hagan su vida en distintos espacios y voten a distinto partido.

Por un lado, está allí el diputado oficialista Henry Cabrera acusado de violencia por su exnovia, la que se mostró en los medios con todas las marcas de los golpes recibidos. “Ex” que, según dijo él, fue una “aventura” de tres años y que, para comprobarlo, al decirlo, llevaba de la mano a su esposa, la que es su pareja de verdad, la que se respeta.

Cabrera es un hombre violento porque hay muchas formas de violencia. Se le acusa de violencia física, pero también es violento al presentarse de esa manera y hacer esos comentarios. Es violento con su mujer a quien le obliga a asumir una humillación pública respaldándolo; a no ser que sea una pareja de relación abierta y ambos tengan otras relaciones, pero esa idea es difícil de digerir para algunos que normalizan que las aventuras sólo son posibles de su parte. Es violento al calificar de “aventura” a una relación para restarle peso a una acusación tan grave. Es violento al hacer uso de su poder como diputado.

Ejerce violencia también cualquiera que le respalde y no exija, al menos, su suspensión como representante público y miembro de su partido político hasta que se decida sobre la acusación; así como también es cómplice de violencia quien le critica y defenestra sólo porque es de otro partido y aprovecha la acusación como pretexto.

Por otro lado, están las gigantografías publicitarias en las que hay mujeres desnudas para publicitar un producto X. Aquí hay reclamos de tipo moralista y hasta religioso, contrarios a todo tipo de imágenes con cierto contenido sexual en los que, especialmente, no debe aparecer una mujer; además, surge la molestia y rechazos desde los sectores feministas que se oponen a que el cuerpo femenino sea utilizado como objeto. En este escenario, también están los que comparan ambas posiciones, las cogen de sus extremos y las unen, entonces presumen de mentalidad abierta y aseguran que parte de la libertad es mostrar los cuerpos. Con ese argumento también suelen estar de acuerdo con la pornografía y la prostitución, sin pensar en la trata y explotación que hay detrás, en cómo y para quién están hechas esas imágenes, sin ir más allá en su análisis miope.

Una publicidad que vende un producto con mujeres desnudas lo que hace es utilizar los cuerpos femeninos como herramienta de llamada, como algo físico despersonalizado, porque no es mostrar a una persona y sus valores, sino mostrar ese cuerpo carne como único valor. Valor que, además, establece como modelo de tipo ideal de cuerpo de mujer, un modelo reduccionista y que atenta a todos otros tipos de cuerpos en formas, edades y razas. Un modelo de persona objeto. Ese uso publicitario es también un tipo de violencia y su aceptación mantiene un sistema machista en la sociedad.

Tiene sordera del alma –que tan bien calificó al machista “El Papirri” en una de sus canciones de los 90– quien respalda a un hombre que golpea a cualquier mujer por ser correligionario político o quien le acusa sólo porque es de la oposición, quien resta importancia a una acusación de violencia porque fue una “aventura”, quien hace una publicidad de mujeres objeto y quien aplaude por “tener la mente abierta”. Sordera del alma porque todo ello es violencia, porque el machismo es violencia. Y tiene, además, un problema de inteligencia quien sólo atina a reír de todo esto.

Drina Ergueta es periodista.

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