Textura violeta

Caperucita roja y el lobo feroz que llevamos dentro

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martes, 16 de abril de 2019 · 00:08

En una escuela de Barcelona se dejará de leer Caperucita Roja y otros 200 cuentos infantiles por considerarlos sexistas. Es, más o menos, el resumen de una noticia que ha levantado varios comentarios en medios y redes sociales.
Seguir el compás de algunas de las reacciones es interesante por lo que voy respondiendo argumentos:
1) “Que dejen los cuentos infantiles en paz”, se dice como si se tratara de tocar a las personitas destinatarias de esos cuentos. Personitas que fuimos y cuentos y personajes que nos marcaron. En el fondo también es “¡déjennos en paz!”.
Se han hecho diversos estudios sobre el impacto de los cuentos infantiles clásicos que actualmente circulan sobre el desarrollo de la personalidad e identidad, que serían claves en la infancia (0 a 6 años) y sobre la construcción del género a partir de modelos sociales distintos entre hombres y mujeres. Lo importante: se ha llegado a la conclusión de que transmiten, reproducen y afianzan roles discriminatorios para las mujeres, así como invisibilizan otras opciones de identidad de género.
Entonces es absurdo estar en contra o escandalizarse por alguna medida que busque eliminar o mitigar una realidad discriminatoria. Más si hemos sido y somos parte de ella.
2) Hacer que un cuento no sea sexista para algunos es tan absurdo que genera comentarios jocosos o con sorna: “El Caperucito, el Bello durmiente y Doña Quijota”; “Edipo Gay, lo historia del joven que mata a su madre y se casa con su padre...”. Una reacción heredada de lejos, de los representantes del pensamiento misógino ilustrado del Siglo XVIII. Por cierto, esos titulares ridiculizados, les suena así porque son vistos desde el machismo y la homofobia, porque de lo contrario serían también ridículos en femenino.
3) Los hay quienes simplemente quieren que no se toquen los cuentos porque, pese a su machismo incorporado, consideran que están bien y 4) los que defienden que se mantenga por razones, digamos, histórico-literarias. Pero ¿qué versión guardamos? Gran parte de los cuentos infantiles clásicos conocidos en occidente, entre ellos el de la Caperucita Roja, tienen su origen en la tradición oral europea y fueron recopilados y versionados hasta llegar a lo que hoy se conoce. Hay varias modificaciones en el camino.
5) También observan que se busca modificar los cuentos en “respuesta a la demanda de heroínas femeninas y víctimas masculinas”. Evidentemente hay una demanda de heroínas, pero se trata de colocar a hombres y mujeres como iguales, ese es el objetivo. El afán de victimizar lo masculino es también típico de la misoginia.
6) Sobre las modificaciones o cuentos nuevos afirman: “No tengo mucha fe en la calidad ni originalidad de esa literatura meramente especular y didáctica”, … Pues sí, como todo, hay producciones buenas y malas, tantas como gente que escribe y gran parte de libros son mediocres y la inmensa mayoría están escritos por hombres. Atribuir mayor desconfianza a algo porque tiene una visión no sexista es machismo.
7) “¿Se puede escribir literatura no sexista retratando una realidad sexista?” Obviamente y de eso se trata, de mostrar, denunciar y cambiar esa realidad. 8) A ver, “¿quién lo hizo?” Hay muchas autoras que lo llevan haciendo desde hace tiempo en sus propios contextos: nuestra Adela Zamudio en Bolivia, Lucrezia Marinelli, Sophie de Condorcet, Sor Juana Inés de la Cruz, Víctor Català, Simone de Beauvoir, Virginia Wolf, Paul B. Preciado… y tantas y tan pocas.
El problema está en quien lo lee, en ese Lobo Feroz que llevamos dentro, que a veces no sabe mirar, por lo que comenzar a tener una lectura crítica del patriarcado desde la infancia es importante.
Finalmente, 9) “se debe rechazar que se haga una cacería de libros, que haya censura es inaceptable”. Por supuesto, y la escuela de Barcelona ya lo explica: no se vetan los cuentos, solo que los leerá el alumnado mayor de 6 años, con una explicación de contexto histórico y crítica actual desde una visión de género. Que está muy bien.

Drina Ergueta es periodista.

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