Textura violeta

Victoria, botín de guerra

martes, 11 de junio de 2019 · 00:08

Aberración tras aberración, violación tras violación han dado lugar a un apresurado bautizo en el que una bebé de forzado nacimiento prematuro sea llamada, como botín de guerra, Victoria.

No se trata de que haya triunfado la vida, ha triunfado en el cuerpo y nombre de una bebita todo el peso de una ideología político-religiosa que finalmente hizo gala de su triunfo pasando absolutamente por alto y con absoluta insensibilidad los deseos y sentimientos de otra niña obligada a ser madre del fruto de violaciones sexuales y obligada a asumir la carga de ese simbolismo cada vez que pronuncie ese nombre.

Malditos.

Con 14 años de edad, una adolescente trabajaba en un comercio para ayudar a su familia. Allí el marido de la jefa la violó en reiteradas oportunidades y quedó embarazada. Maldito.

¿Por qué cuando a alguien le roban, luego va y lo cuenta, se queja, denuncia y lo vuelve a contar N veces a lo largo de su vida? ¿Por qué todo el mundo se solidariza, le apoya, le consuela? ¿Por qué no ocurre lo mismo cuando se trata de una violación? No, a una mujer violada la cuestionan, no le creen, la echan de casa, le pegan una paliza por haberse dejado, la llaman puta, se ríen de ella y comentan, otros hombres la miran distinto imaginándosela y deseándola con más descaro. Maldita sociedad machista.

¿Cómo entonces una chica casi niña va a contarlo? Ni siquiera a su familia. Eso le pasó a esta adolescente y cuando lo dijo ya habían pasado muchas semanas de embarazo. Y, en este caso, su madre la apoyó e intentaron un aborto, pero encontraron negativas.

Desde 2014 en Bolivia se permite el aborto en casos de violación sin que sea necesario un proceso judicial previo; sin embargo, hay médicos que argumentan “objeción de conciencia” para no practicarlo en un hospital con garantías para la salud de las mujeres, porque clandestinamente los abortos sí que se realizan habitualmente, dando sólo cierta seguridad a quienes tienen más dinero para pagarlas. Malditos hipócritas.

Finalmente, obligados por ley, a esta chica le practican una interrupción de embarazo, el cual, con 26 semanas de gestación, termina siendo un nacimiento prematuro obligado. Claro, después del tiempo transcurrido, ¿cómo iban a extraer del cuerpo de la niña a una criatura ya formada?

Aquí está la aberración de una ley que no se cumple, de una sociedad y unos médicos que obligan a que siga el embarazo hasta que ya no sea posible un aborto. La aberración de provocar un nacimiento prematuro extrayendo la criatura por la fuerza, poniéndola en mayor peligro y también a la adolescente, aunque lo que le pase a ella y lo que quiera ella poco importa. ¿Verdad?

Y cuando iba al quirófano, ¿se lo dijeron? ¿Ella sabía que le extraerían la criatura viva en lugar de practicarle un aborto? Malditos, si la engañaron.

Y allí están en la foto, todos hombres decidiendo sobre el cuerpo de una mujer y el nombre de la recién nacida. Sonriendo porque creen que es un final feliz. Ninguno de ellos pagará las cuentas de la bebita, ni sus estudios, ni se quedará con ella para que su obligada madre vaya a clases, no. No, porque lo hará la obligada abuela, quien, por supuesto, dadas las circunstancias, dijo que cuidaría a la criatura.

¿Cuál de esos médicos objetores de conciencia se hará cargo de pagar la universidad de la niña? No la ayudarán, no, ni siquiera el vocero de la Arquidiócesis cruceña, el sacerdote Erwin Bazán, quien la apadrinó en el mismo hospital. ¿Cuánto dinero le pasará cada mes a la madre-abuela, señor Bazán?

¿Qué hacía allí la Iglesia Católica? ¿Qué derecho tiene? ¿Por qué no una iglesia evangélica, una musulmana, una hindú, alguna otra secta x? Violando el derecho de la pequeña de elegir (cuando sea mayor), además de hacer suyo lo que considera un triunfo, una victoria, imponiendo ese nombre con todo su simbolismo, con todo el egoísmo de su ideología religiosa profundamente machista. ¿Dónde está el Estado, que no vigila que no se cometan todas estas atrocidades? Malditos todos.  

 

Drina Ergueta es periodista.

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