Drina Ergueta

¿A quién le importa el asesinato de Hanalí Huaycho?

martes, 18 de febrero de 2020 · 00:10

Sin duda alguna, Hanalí Huaycho es recordada por su familia, amistades, periodistas y todas las personas, especialmente mujeres, que anhelan justicia; sin embargo, son distintos los motivos que hoy impulsan, al parecer, a que su caso salga nuevamente en el escenario mediático.

Aún muerta, asesinada por su marido policía delante de su pequeño hijo y de su madre que resultó herida, ella deja de ser importante en relación a su asesino. 

En febrero del año 2013 la periodista Hanalí Huaycho recibió 15 puñaladas de su esposo Jorge Clavijo, un teniente de policía. Ya había antecedentes de violencia. Luego de unos días de haber huido el asesino, la Policía anunció que encontró su cadáver. Él se habría suicidado colgándose y su cadáver, expuesto sin pudor en algunos medios, hacía dudar al sentido común ya que, por cómo estaba, parecía tener mucho más tiempo muerto. Un estudio forense contratado por la familia doliente dijo que no se trataba de él, nadie hizo caso.

Tras el asesinato de Huaycho y el efecto mediático producido, el gobierno de entonces, de Evo Morales, aceleró la elaboración y aprobación en ese año de la Ley Integral 348 para garantizar a las mujeres una vida libre de violencia con lo que se estableció el delito de feminicidio, junto con una lista de varios tipos de violencia machista y una sanción para el feminicida de 30 años de cárcel sin derecho a indulto.    

Hoy, siete años después, vuelve el caso a la palestra y se presenta al teniente Jorge Clavijo como personaje relevante no porque se crea que está todavía vivo y libre, no porque sería muestra del encubrimiento que habría hecho la Policía a uno de sus miembros, no porque esta institución esté investigando cada uno de los múltiples casos de violencia machista en los que aparece involucrado un policía. No. 

Hoy, Clavijo es importante porque era miembro de la Unidad Táctica de Articulación, Reacción y Control de Crisis (Utarc) y porque, el 16 de abril de 2009, formó parte del grupo que mató a tres extranjeros europeos en el hotel Las Américas de Santa Cruz, quienes, se dijo, eran parte de una célula terrorista que buscaba asesinar a Evo Morales y Álvaro García Linera.

Si está vivo, deducen que es porque recibió protección del anterior gobierno para que no explique lo ocurrido. En todo caso no fue el único ¿Verdad? Hay otros policías vivos que participaron y podrían explicarlo.

Aquí es donde Hanalí Huaycho aparece. Se usa su sentida y trágica muerte para llegar a su marido feminicida y a la relación de éste con ese caso oscuro del anterior gobierno y para usar este hecho políticamente, para acusar en un momento electoral. Ella no les importa.

La justicia en Bolivia es servil al gobierno de turno, antes y ahora. Los titulares de diarios de cada día lo muestran, últimamente salen y entran personas de las celdas según convenga y a mandar por las autoridades del Poder Ejecutivo. 

No se sabe si realmente hay gente que merece salir libre o entrar en prisión porque simplemente no existe independencia de poderes y la institucionalidad de la justicia es una verdadera vergüenza.  

Por ejemplo, los casos del alcalde José María Leyes detenido por corrupción durante el anterior gobierno y liberado hace poco; de Manfred Reyes Villa, con cinco sentencias y 11 procesos más, va libre por las calles; del ex gobernador Mario Cossío acusado de corrupción y ya de vuelta en Bolivia para ser candidato; y también están los innumerables procesos contra exautoridades y personas allegadas al anterior gobierno que enfrentan una serie de acusaciones. El criterio de quien administra la justicia es, por lo visto, hacer lo que le vaya bien al gobierno de turno y, de paso, a conveniencia electoral. 

Que se revise el caso del asesinato de Hanalí Huaycho es positivo, pero debe ser por ella y para darle justicia, si es por motivos políticos es una indecencia y una humillación para el Estado de derecho y también para la democracia.

Drina Ergueta es periodista.

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