Drina Ergueta

Las feministas para Quintana y los demás

martes, 19 de enero de 2021 · 05:13

Hace unos días, el exministro boliviano Juan Ramón Quintana apareció exultante en un acto público en el que arengó a las bases del MAS, partido e instrumento político que está hoy en el gobierno, a que sigan varios consejos que daba, entre ellos el de rechazar al feminismo frívolo y sin contenido que llega desde Europa con las ONGs.

Para él, en su discurso, el feminismo que vale es el que es “de base anticapitalista, anticolonial, antiimperial y antipatriarcal”, ya que “debemos ser nosotros mismos” y luchar “contra el individualismo”, dejar de ser “el remedo de otras sociedades que nos miran con desprecio desde el norte” y rechazar esa “cultura del despojo del movimiento colectivo”.

Dijo que “se terminó el tiempo de los hombrecitos valientes”, que “es el siglo de las mujeres y los indígenas” y que, finalmente, “si los hombres vamos a perder el poder en aras de salvar la humanidad, vamos a perder el poder, compañeros”. Allí ya casi me levanto a aplaudir, si no fuera que él mismo tiene esa imagen (construida o no por los medios, pero que no se ha preocupado por cambiar) de “hombrecito valiente”, tal como la tiene la mayoría masculina que estaba con él en la testera, ante un público también mayoritariamente varonil.

Esta parte de su largo discurso resultó muy extraña, sí, en alguien como él que tiene esa aura masculina y tenebrosa que acompaña, parece ser, a todo Ministro de Gobierno así haya dejado el cargo. A unos más que a otros. Extraña por poco creíble, por ser él. Si sólo se leyera sus frases sin fuente, seguramente una parte del feminismo estaría bastante de acuerdo con lo que dijo.

¿Cuánto de lo que dijo llegó a su público?, creo que poco. Me imagino que la idea que se asentó es que el feminismo en general es un discurso sin contenido, de base liberal e individualista, foráneo, de “gringas de Europa” y ONGs y que no se aplica a la realidad boliviana, donde la lucha es otra.

Esa percepción respecto del feminismo en las organizaciones de los movimientos sociales es alimentada, además, desde discursos que provienen de la izquierda, que se centra en la lucha de clases para analizar las contradicciones sociales y resolverlas, y desde el indianismo, que se centra en la lucha contra el racismo y la recuperación de valores de las culturas de pueblos conquistados y no plantea siquiera la existencia de la discriminación femenina, con algunos representantes que rayan en lo misógino, tal como se caracteriza a la extrema derecha también bien presente.

En la larga historia del feminismo global la mayoría de sus representantes son mujeres provenientes de sectores de la élite social y esto se debe simplemente a que esa su posición les ha permitido acceder a la educación, a dedicar tiempo a pensar y escribir y a que su labor se dé a conocer de alguna manera. Eso no significa que las mujeres de otros niveles no hayan hecho nada por ellas mismas, al contrario, siempre han estado organizadas y buscando formas de luchar contra todo tipo de opresiones, aunque desde el anonimato.

Es en el Siglo XX fundamentalmente cuando por sus luchas las mujeres acceden a la educación, cuando se eliminan las colonias formales en el planeta, es cuando florece el feminismo y no sólo con representantes de la élite blanca. Hoy el feminismo negro, decolonial, de la América morena y otras regiones y pueblos oprimidos del planeta, tienen gran presencia y fuerza con muchas representantes teóricas y organizaciones. Además del feminismo blanco occidental que tiene también sus propias realidades por las que luchar.

El feminismo es diverso, como diverso es el panorama varonil que mira y habla del feminismo; sin embargo, en lo que son iguales, por su base y su fondo, Quintana y los hombres de derecha, de izquierda, del indianismo y de movimientos sociales es el poder que ostentan en este patriarcado y los privilegios de los que gozan a costa de las mujeres. Ningún cambio social real es posible sin las mujeres, sin el feminismo.

Drina Ergueta es periodista.

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