Drina Ergueta

«Chutocumbias»

martes, 14 de septiembre de 2021 · 05:10

Este fin de semana se informó por la prensa que en Bolivia existen canciones cumbia que ponen en valor la actividad de contrabandistas a quienes se les llama “chuteros”, es decir que existe una especie de “chutocumbias” similares al narcocorrido. Por lo visto, es bastante popular en sectores sociales considerados marginales pese al gran movimiento económico que generan.

Mientras en las noticias de vibrante actualidad se ven enfrentamientos violentos entre fuerzas del orden y contrabandistas, con la quema de camiones cargados de mercadería e incendios en oficinas aduaneras, suenan estas canciones en los caminos de acceso clandestino a Bolivia.

El mundo del contrabando reflejado en las chutocumbias tiene gran complejidad y analizarlo aquí es imposible, por lo que daré unas pinceladas. Así como el narcocorrido resalta la actividad del narco, estas canciones recalcan: 1) que es un trabajo, por ello, digno y humano: “¡Para nuestros amigos del volante que día y noche trabajan cruzando nuestras fronteras!”, “Solo me encuentro trabajando, viajar y viajar es mi vida… así es mi trabajo”; 2) donde se valora la dificultad del recorrido y a las poblaciones que en este camino se hallan: “Desde Puerto Rico vengo, cruzo el Salar de Coipasa, paso por Villa Vitalina hasta llegar a Sabaya. Cerca del Tata Sabaya siento que ya no estoy solo, sigo por Huachacalla, Ancaravi y Toledo. Después de pasar Puerte Español, llego a mi Oruro agradecido”; 3) además, es un sacrificio porque hay riesgo: “Chutero yo soy, mi vida se va acabando, trabajando, sufriendo”, “Como buen chutero viajando estoy, todos los caminos arriesgando yo voy, pase lo que pase sin miedo yo voy”, “Pues día y noche por los caminos está presente el peligro”; 4) que se hace por amor a mujeres, parejas o familia: “Chuterito yo soy, solo por ti mi amor, por ti mujer”, “Sigo trabajando por nuestro hogar”, “Luchando por tu amor”, “Todo sacrifico por mi familia”, “Por mi madre y por mi hermana”; y 5) hay referencias a actos sociales de masculinidad y machismo: “Cantinero póngame mis chelas, tráigame mis chicas”. “¡Mueve la cintura y la cadera! ¡A ver, ¿dónde están las chicas enamoradas?, ¿las chicas solteras?!”

Además de poner en valor, humanizar y dignificar el contrabando, estas canciones muestran que esta actividad está legitimada en amplios sectores sociales y, también, que se está creando una cultura a su alrededor pese a que es delictiva.

Ahora, incluso esta cultura es patriarcal. Todas las referencias que se hacen en estas canciones son masculinas: el hombre macho, valiente, trabajador, proveedor y conquistador. Parecería que la actividad del contrabando es de hombres, ya que no se hace mención a las mujeres contrabandistas, mujeres que son muchas. No tengo acceso -si es que hay- a datos sobre ellas, por eso imagino que son decenas de miles, ya que es conocido que se mueven como hormigas en todos los puntos fronterizos de la geografía boliviana.

Las mujeres contrabandistas realizan esta actividad ilegal de manera esforzada, van cargando bultos y muchas también a sus hijos e hijas. Son ‘marketeras’ naturales con el don de saber qué será lo que se venderá mejor. Van y vienen de Chile, Perú, Argentina, Brasil, Estados Unidos, China y donde haga falta, como los hombres. No es mi afán de contribuir a los chutocorridos, simplemente busco mostrar que tanto en asuntos legales como ilegales el mundo visible es masculino.

En Bolivia, muchas mujeres tienen pocas opciones laborales. Tienen menor acceso a la educación y más aún si se trata de mujeres racializadas, indígenas, cuyas posibilidades de trabajo aún siguen restringidas, especialmente, al servicio doméstico o al comercio informal.

El contrabando es una actividad de gran dimensión y de compleja solución. Posiblemente, su disminución pase por generar políticas de opciones laborales y económicas alternativas, antes que sólo enfocarse en la lucha represiva que, como en el narco, ha demostrado que no soluciona y sólo genera más violencia.

 

Drina Ergueta

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