Editorial

Polémico mural en un museo de La Paz

domingo, 16 de octubre de 2016 · 00:00
La bienal de arte, denominada SIART, invitó este año a la organización feminista Mujeres Creando a presentar una obra, que luego se decidió sería un mural a ser pintado en la fachada del Museo Nacional de Arte en La Paz. Sería, como suele ser la actividad de esa organización, una muestra de arte callejero y, sin duda, provocativa.

Fue ello lo que ocurrió. María Galindo, líder de Mujeres Creando, y otras artistas, decidieron hacer un mural polémico, crítico de la Iglesia Católica y del Estado, sobre todo en sus evidentes rasgos machistas y patriarcales. Así, la pintura incluyó a un Jesús portando una cruz de falos, una figura papal teniendo sexo con una mujer desnuda y un "escudo nacional”, en el que un lingote de metal aprieta los testículos de alguien que representa al pueblo.

Como este fue un asunto pactado, la obra no era una forma de dañar la fachada del Museo Nacional, como ocurre con otros grafitis que realiza  Mujeres Creando. Al final de la SIART, que dura un mes, el edificio del museo volvería a tener sus colores originales. Desde ese punto de vista no es reprochable el mural diseñado y realizado por esa organización.

Sobre el contenido del mismo, obviamente existen opiniones muy diversas, casi todas en contra, por lo menos las expresadas por los ciudadanos que allí llegaron a mirar el mural, pero también varias de respaldo.

Existe en el país libertad de expresión, aunque esté frecuentemente en entredicho, y el hecho de que un grupo hubiera decidido aprovechar el espacio ofrecido, como lo hizo Mujeres Creando, no es algo censurable. Si alguien se sintió ofendido, entonces simplemente tenía que pasar de largo y no mirar todos los detalles de esta pintura callejera. Sí sería inaceptable, e ilegal, por ejemplo, propalar ideas racistas o de otro tipo con los dibujos del mural. No fue el caso y, por lo tanto, debió ser respetado y mantenido durante las semanas ofrecidas. Sin embargo, 24 horas después de terminado, un grupo de ciudadanos se volcó hacia esa esquina y, llevando brochas y pintura, cubrió las partes más "ofensivas”, con una innegable posición oscurantista. Las personas rezaban mientras lo hacían en una actitud patética e intolerante. Se reza a favor de una idea superior, como es la de Dios, que representa la tolerancia y el amor, pero se hace lo contrario, es decir se expresa intolerancia y odio.

 Sin duda, este episodio pone en evidencia muchos de nuestros atavismos y rasgos de doble moral: una sociedad que se asume democrática pero es autoritaria a la menor provocación. Por lo demás, si el mural es o no una expresión de arte es motivo de otras reflexiones que exigen, también, una mente abierta.

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