Editorial

Bolivia: rezago en competitividad

martes, 18 de octubre de 2016 · 00:00
Si Bolivia  ya estaba a la cola del mundo, ahora lo está aún más. Se ubicó en el puesto 121 del mundo en el ranking de Competitividad Global que realiza cada año el Foro Económico Mundial, cuatro puestos más abajo de la posición del año pasado. En América Latina  sólo está peor Venezuela, que ocupa el lugar 130 de los 138 países analizados.

El índice estudia 12 variables: calidad de las instituciones, infraestructura, entorno macroeconómico, salud y educación primaria, educación superior y formación, eficiencia del mercado de bienes, eficiencia del mercado laboral, desarrollo del mercado financiero, capacitación tecnológica, tamaño del mercado, sofisticación en materia de negocios e innovación. En casi todas ellas Bolivia ocupa los últimos lugares en el mundo.

Estos temas se han señalado numerosas veces por empresarios, analistas económicos, dirigentes opositores y medios de comunicación. Las autoridades no han realizado acciones coherentes para generar empleo sostenible en el país. Han apostado por exportar productos sin valor agregado y reprimarizado la economía de manera notable. Gracias a los precios altos de minerales y gas que vendemos, se generó una alta utilidad, que las autoridades usaron en entrega de bonos y construcción de obras públicas, sobre todo de infraestructura. Ello generó bonanza económica, y aumentó el empleo, pero de tipo pasajero y frágil.

Generar empleo sostenible, productivo y de largo plazo es mucho más difícil que depender de los precios altos de los productos que exporta un país: requiere acuerdos comerciales con otros países, masivas tareas de capacitación, acceso más fácil al crédito, flexibilización de las políticas laborales y eliminación de los obstáculos a las empresas.

El Gobierno no ha atendido apropiadamente estas metas, y en vez de alentar los emprendimientos y fomentar a la empresa,  ha puesto mayor presión en el sector privado, imponiendo el segundo aguinaldo, cobrando altos impuestos, etc. Ello ha provocado que la informalidad en el país se ubique alrededor del 70% de la economía, generando además un subempleo galopante (frente al cual el índice de desempleo oficial, de 4,4% parece una broma).

Este problema no tiene una solución simple. Las autoridades no creen que la empresa privada deba asumir el desafío del crecimiento, la producción y la generación de empleo. El Vicepresidente señala con algarabía  que el Estado ocupa una porción mayor del PIB boliviano, algo que no refleja un avance en nada. El Estado financia a funcionarios públicos o se dedica a conducir empresas de muy bajo impacto en el empleo, por ejemplo YPFB. Ninguna reforma sustancial está a la vista.

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