Editorial

Cierre de clubes nocturnos en La Paz

jueves, 20 de octubre de 2016 · 00:00
Es comprensible que las autoridades del Ministerio Público hubieran actuado como lo hicieron con dos clubes nocturnos de La Paz, La Diosa y Katanas, los más lujosos de la urbe, además.
 
Según denuncias, aunque no confirmadas todavía, se producían allí hechos irregulares, el más grave de ellos, la trata y explotación sexual de mujeres. Eso debe ser investigado y, si se comprueba, sancionado.

Pero no es correcto cerrar ese y otros locales solamente por el hecho de que se realizan allí espectáculos eróticos o que las modelos ofrecieran servicios sexuales. Ambas cosas, en una sociedad del siglo XXI, deberían ser aceptables si es que están orientadas a un público adulto y realizadas sin intimidación y en el marco de la ley.

La manera cómo han actuado los fiscales, y las autoridades en general, sin embargo, ha sido retrógrada y moralista, como si se actuara solamente para "proteger” a las mujeres que se dedican a esas actividades, cuando en realidad toda la operación oculta intereses económicos, luchas entre facciones de poder y hasta conflictos familiares, como el ocasionado por la hija de uno de los propietarios de esos clubes, que no ha sabido hasta ahora demostrar cómo es que compró uno de esos predios cuando tenía 19 años.

Obviamente esta actitud del Ministerio Público, y la posterior de la Alcaldía de La Paz, que cerró otros locales menos conocidos que los dos citados, les estalló en la cara y centenares de mujeres protestaron por esas acciones y les recordaron que en Bolivia el trabajo sexual, como en casi todos los países de la región y Europa, es legal. No lo es el proxenetismo ni, por supuesto, la trata de mujeres con fines de explotación, pero el hecho de ofrecer un servicio sexual no está penalizado ni debería estarlo.

En vez de encabezar pomposas y propagandísticas acciones,  como haber derruido la fachada de uno de esos clubes, se debería proteger a las mujeres (y algunos hombres), que se dedican a esta actividad de forma legal y  asegurar que no sean abusadas y esquilmadas por sus "protectores”, la Policía y funcionarios estatales en general.

El que la trata y tráfico de personas se geste en estos contextos sí merece investigación, pero es bueno separar la paja del trigo.

La Organización de Trabajadoras Nocturnas de Bolivia  ha demandado, en una reunión con autoridades locales, que se apruebe una ley que las proteja y les permita el trabajo seguro en esta actividad que han elegido, se espera, libremente. Que existan personas que pagan por servicios sexuales puede ser algo incomprensible para otros, pero es un fenómeno que existe desde hace milenios y que seguirá en la humanidad todavía por un largo tiempo.

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