Editorial

Un abuso más de los choferes a La Paz

viernes, 21 de octubre de 2016 · 00:00
Aunque esto no representa que se vayan a desanimar en modo alguno, en cada paro que organizan los choferes de La Paz se advierte el hartazgo de la población -de sus clientes, habría que precisar-.

Es tan abierto el abuso al que somete este sector a los ciudadanos paceños cada que les da la gana -y con una frecuencia que envidiarían mejores causas-, que si alguna duda quedaba de que les asiste algún gramo de razón, ha sido totalmente despejada.

El paro del día jueves, "casualmente” el día de la fundación de La Paz, no sólo aguó actos conmemorativos municipales y otros, sino que terminó de retratar a este sector: autoritario, retrógrada y abusivo. Sin duda, los transportistas, que prestan uno de los más importantes servicios públicos, lo hacen con muy baja calidad y responsabilidad.

Justamente la razón de este paro termina de dibujarlos en genio y figura: protestan contra el Alcalde municipal -no podía ser de otra manera-, porque se les niega el pedido de rebaja del 50% de impuesto de sus vehículos. Según representantes del gobierno municipal y el propio Revilla, la Alcaldía accedió a disminuir los impuestos de 41 sindicatos de transporte que -de acuerdo a la evaluación edil- cumplieron con mejorar la calidad de sus vehículos y el servicio nocturno.
 
Solamente siete sindicatos de transporte -que no cumplieron con estos requisitos a los que, dicho sea de paso,  se habían comprometido cuando la Alcaldía accedió a incrementar tarifas- fueron los que organizaron el paro. 

¿Siete de 48 sindicatos pueden paralizar La Paz? Pues sí, entre estos están poderosos y numerosos sindicatos que manejan buena parte de las líneas de transporte paceño y tienen dirigentes que al parecer gozan del favoritismo político de algunas autoridades nacionales. Otra "casualidad”.

Lo cierto, sin embargo, es que justamente la medida de presión adoptada el pasado jueves hizo "recordar” a todos los paceños  el pésimo servicio al que se ven sometidos a diario por estos transportistas; la oferta (incumplida) que se hizo a la ciudadanía de que iban a mejorar sus vehículos y la injusticia de que se hayan subido tarifas sin que nada se solucione. 

Gracias al paro, los paceños -que fueron los directos perjudicados pues, como siempre, tuvieron que seguir con sus actividades laborales cotidianas sólo que con mayor esfuerzo por los bloqueos que se instalaron en los principales puntos de la ciudad-, recordaron que no pueden seguir permitiendo estos abusos y pagando por ello,  y que las otras alternativas que se les ofrece  (el teleférico y los buses PumaKatari) hacen mucho más por ellos que los cientos de minibuses que transgreden toda regla de urbanidad y tráfico.

Si La Paz es un caos vehicular en prácticamente todas sus zonas, es por la proliferación descontrolada de líneas de minibuses que toman la ciudad y, encima, prestan un servicio deficiente, reacio a someterse a ninguna regla y  a respetar las normas de tránsito más elementales.

Por ello, si la intención era lograr alguna reivindicación sectorial, este paro no hizo otra cosa que entorpecer dicha meta: la Alcaldía anunció que no retrocederá un milímetro en sus disposiciones y los usuarios -cientos de miles de paceños y paceñas- se han dado cuenta que, aunque esta urbe aún no les ofrece la seguridad de llegar a todos los puntos de destino citadino a tiempo, pueden y deben ser firmes en no aceptar el abuso de los transportistas.

Buses que periódicamente se incendian o accidentan por su mal estado; minibuses que apestan por la falta de higiene y que incumplen todas las reglas de trato y   precio, y tarifas que no se respetan, hacen parte de una larga lista que seguramente no será parte del olvido de los ciudadanos. 

Tampoco se olvidará que -una vez más- los sindicatos de transporte paceños decidieron "lastimar” a su ciudad en un día simbólico, largamente esperado para actos cívicos y culturales. 
Un alto precio  que solamente se entiende  si, a cambio, se recibe algún tipo de  favores políticos. El tiempo lo dirá.

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