Nuevos linchamientos en el país

domingo, 20 de noviembre de 2016 · 00:00
Nuevamente el país se ha visto sacudido por casos de linchamientos. Tres de éstos, con distintas motivaciones, se registraron en las últimas semanas  con toda su carga dramática y grotesca. Primero fue un adolescente que, emboscado por su exnovia y los amigos de ésta, en la localidad cochabambina de Sivingani, fue obligado a beber gasolina, fue rociado con el combustible e incendiado. Sobrevivió durante dos días de indecible padecimiento, tiempo en el cual pudo contar su historia. 
 
Después fue el caso de un supuesto violador y asesino de una niña en Reyes, una localidad del Beni, que fue cazado por los vecinos, principalmente  mujeres, y asesinado. Finalmente, en Entre Ríos, en el Chapare cochabambino, un hombre fue acusado de haber robado una moto, capturado por el gentío en otra localidad, luego asesinado y quemado.
 
Estas noticias llegan a los medios internacionales y expresan lo que son: ataques bárbaros, salvajes,  contra personas que no siempre son culpables, tomados por multitudes asesinas que necesitan cebarse con la sangre del prójimo.
 
Bolivia es el país del continente, con la posible excepción Guatemala, con mayor cantidad de linchamientos. La falta de respeto por la vida impulsa a personas a  actuar de una manera bárbara. Quienes lo hacen y quienes defienden estas prácticas se quejan de que la Policía no está presente y que nunca se hace justicia. Ese es un pretexto inválido porque en muchos países de la región se vive una situación similar, con localidades pequeñas o rurales escasamente protegidas por las fuerzas policiales y con índices de criminalidad aún mayores que las de Bolivia. Pero en esos países no se registran tantos linchamientos.
 
Algo ha cambiado en los últimos meses, sin embargo, y de ello debe felicitarse al ministro de Gobierno, Carlos Romero: en los más recientes sucesos, la Policía y el Ministerio Público han hecho esfuerzos por detener a los culpables y  someterlos a investigación  y procesos judiciales. Esto es nuevo en el país. Es la primera vez, quizás en décadas, que esto ocurre. En el pasado, estas feroces prácticas, muchas veces filmadas por canales de televisión, quedaban en la más completa impunidad.
 
En mayo pasado, cuando un joven con discapacidad mental y de habla fue confundido con un ladrón fue  torturado y asesinado por los vecinos de la urbanización San Luis, de la zona de San Roque de El Alto, las cosas empezaron a cambiar. El Ministerio de Gobierno ordenó la detención de los sospechosos de haber incitado y ejecutado ese homicidio. De ahí en más, cuando volvieron a ocurrir hechos similares, la Policía ha actuado de la misma manera. Cuatro mujeres fueron detenidas en Reyes por alentar la muerte del supuesto asesino de la niña, como los adolescentes que mataron al joven en Sivingani están bajo detención, igual que está siendo buscado quien organizó a los vecinos de Entre Ríos para el linchamiento del supuesto ladrón.
 
Esa es la manera   como debe empezar a exterminarse esta práctica, ejerciendo justicia contra quienes la alientan y cometen. La gente no puede aducir que actuó en un momento de ira, ya que en muchas ocasiones las torturas a las que someten a los sospechosos duran horas, cuando esa supuesta rabia incontrolable ya ha pasado. No. Escondidos bajo la idea de un acto colectivo, quienes motivan estas acciones sacan sus más bajas pasiones, entre otras cosas porque no creen que serán castigados. Son una minoría, pero lamentablemente la mayoría se convierte en cómplice silenciosa de estos hechos.
 
Y, a diferencia del pasado, numerosos sectores de la sociedad hoy critican a estos linchadores, desde integrantes de la Iglesia, del Legislativo y del Ejecutivo. Esto es nuevo. Antes casi nadie se animaba a opinar.
 
Deben realizarse campañas de concientización pública por parte de autoridades y medios de comunicación,  y de manera más formal en los colegios. Estos grados inexplicables de maldad están señalando una descomposición social difícil de explicar, que debe ser enfrentada por todos.

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