Editorial

Megaobras y carencia de servicios básicos

viernes, 25 de noviembre de 2016 · 00:00
El estilo de  gobierno del presidente Evo Morales y sus prioridades, toleradas en años recientes, han tenido una severa reprobación en las últimas semanas, al surgir la crisis por el agua potable en La Paz. Como nunca, ahora se siente en la opinión pública el rechazo a las megaobras que alienta el Gobierno, que no tienen que ver con  el desarrollo nacional, como construir lujosos palacios, revestidos de alfombras persas, edificar centros de investigación nuclear, comprar satélites, de los que no se conoce con certeza su utilidad, y construir decenas de canchas de fútbol.

Como decimos, todos esos excesos y decisiones equivocadas, cuando el país vivía tiempos de bonanza, no generaban el rechazo que provocan hoy. Incluso se puede decir que eran acciones respaldadas por la ciudadanía. Pero cuando el país despierta ante una situación tan crítica, como la falta de agua, que afecta a cinco ciudades capitales y decenas de municipios rurales, entonces el ciudadano se pregunta si las autoridades están a la altura de enfrentar los verdaderos problemas de un país; es decir, dotar de lo esencial, como es el agua, que en las ciudades sirve para el aseo y  consumo, mientras que en el campo para algo todavía más crucial: la producción de los alimentos que la población consume.

Mientras para el ítem de "recursos hídricos” el Gobierno ha bajado los recursos de 55 a 24 millones de bolivianos, el Ministerio de la Presidencia tiene a su disposición 250 millones para construir un nuevo palacio de Gobierno  de 28 pisos de altura. Ese precio no incluye muebles, alfombras, cortinas ni lámparas y las autoridades estarán en figurillas para explicar ese otro gasto, que será de decenas de millones de bolivianos adicionales. 

Eso demuestra la jerarquización que le da el Gobierno a sus decisiones: lo "esencial” genera poco interés; mientras lo "vistoso” (palacios, carrera Dakar, avión presidencial, estadios, etcétera) atrae la preocupación de los funcionarios que diseñan el Presupuesto General del Estado cada año.

Los funcionarios de Gobierno se enfrentan ahora a una dura realidad: la gestión pública de calidad, que  es algo que debe hacerse con el personal adecuado, con políticas estatales de largo plazo, con planificación, con uso mesurado de los recursos. 

Los funcionarios de Gobierno, obsesionados por construir obras fáciles y rápidas para ganar elecciones, carecen de esas cualidades. Obviamente, es mucho más fácil construir un estadio para 15.000 espectadores en Chimoré, por más necia que sea esa obra, que resolver el tema del agua en La Paz. Y ello es algo que la gente ya no tolera.

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