Editorial

¿Prepararnos para lo peor?

martes, 29 de noviembre de 2016 · 00:00
El Gobierno declaró hace una semana emergencia nacional y adoptó algunas medidas para hacer frente a la crisis del agua en la ciudad de La Paz y otras regiones del país. Al formular el anuncio, el Presidente advirtió a la población   que debe prepararse "para lo peor”, en el entendido de que la crisis no tiene una solución a corto plazo y que la situación podría agravarse en la medida en que se prolongue la sequía que afecta al país. A tres semanas del estallido de la crisis, de la que los ciudadanos nos enteramos un día antes     que se iniciara el racionamiento, la opinión pública se pregunta con justificada indignación ¿cómo se pudo llegar a esta situación sin que ninguna autoridad advirtiera sobre la reducción del nivel de agua de los embalses y sin que el Gobierno adoptara las medidas del caso para prevenir la emergencia?

El Presidente dijo que el año 2016 ha sido "el más caluroso de los últimos 100 años”, lo que ha provocado "sequía y déficit hídrico en diferentes regiones”. Atribuyó el hecho a "fenómenos climáticos adversos” y exhortó a la población a "cuidar y administrar el agua”. 

Todos estamos de acuerdo en el diagnóstico, pero no en la manera en que se encara la emergencia. El cambio climático afecta a todo el mundo, pero La Paz y otras regiones de Bolivia son las únicas que se han quedado sin agua. Y alguien debería asumir la responsabilidad por esta situación.

"Lamentablemente, desde la Autoridad de Fiscalización de Agua y la gerencia de EPSAS nunca nos han alertado. No echo la culpa, somos culpables, y pido disculpas al pueblo paceño”, admitió el Primer Mandatario, quien destituyó a los responsables de EPSAS y de la AAPS, pero mantuvo, inexplicablemente, a la Ministra de Medio Ambiente y Agua.  "Lamento mucho, la sequía nos afectó bastante en el campo como también en la ciudad. Lamento que  en algunas ciudades y algunas regiones de las áreas rurales no hemos previsto”, agregó Morales.

Aquí surge la primera pregunta. ¿Cómo es posible que el Jefe de Estado no supiera nada de la amenaza que se cernía sobre los vecinos de la sede de Gobierno? ¿Su Ministra lo sabía y no le informó? ¿No lo sabía? Paradójicamente, Bolivia es un país privilegiado al contar con un Ministerio del Agua, pero el único que sufre una escasez de esta magnitud de ese vital elemento.

No menos paradójico es que el Primer Mandatario pida a la población que se prepare "para lo peor”. ¿No era el Gobierno el que debía prepararse para esta emergencia? ¿No era su obligación conocer la situación de los embalses y preparar los planes de contingencia para hacer frente a la reducción de su caudal? El Gobierno no hizo su trabajo y esa es su responsabilidad.
 
¿Cómo pedirle a la población que "se prepare para lo peor” cuando los responsables de velar por el servicio no lo han hecho?  

Echarle la culpa al cambio climático es eludir sus propias responsabilidades. Las advertencias sobre los fenómenos naturales que podían afectarnos, como está ocurriendo, eran múltiples.
 
Como uno de los ejemplos más dramáticos está el lago Poopó. El fenómeno de El Niño, causante de la sequía que castiga a Bolivia, resultó devastador entre 2015 y 2016 y nosotros ignoramos las advertencias no sólo de los organismos internacionales, sino de la propia naturaleza.

El investigador Dirk Hoffmann declaró a la BBC que la escasez también tiene que ver con la ausencia de políticas de largo plazo. "Durante 20 años casi no se hizo nada para construir nuevas captaciones de agua; en cambio, en ese mismo tiempo la población se duplicó”, declaró el experto, quien recordó que recién en 2014 se empezó a construir una nueva represa. 

A esto se suma la mala gestión de EPSAS y de la fiscalizadora AAPS sometidas al "cuoteo” político de los movimientos sociales. El Gobierno suele criticar con razón esa práctica en el "pasado neoliberal”, pero la repite con los sectores afines al MAS con el agravante de que ha colocado a personas absolutamente incapaces en puestos que son eminentemente técnicos.

A pesar de ello, y como ha ocurrido en numerosos conflictos, nadie asume responsabilidades políticas ni el Gobierno las exige.

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