Editorial

Dos interpelaciones fracasadas

viernes, 4 de noviembre de 2016 · 00:00
El sábado 29 se cumplieron dos interpelaciones a ministros del gabinete del presidente Evo Morales. Como ha ocurrido sin excepción en los últimos casi 11 años, ambas autoridades terminaron la sesión siendo aplaudidas por la bancada oficialista, pese a que no pudieron explicar buena parte de las dudas expresadas por la oposición, por una parte, y  que, por otra, vertieron  expresiones cínicas y ofensivas.

Marianela Paco, la ministra de Comunicación, acudió a su interpelación después de haberla suspendido en una ocasión anterior por razones de salud, tras haber tenido un cuadro de ansiedad y depresión, según dijeron los médicos.

La oposición deseaba obtener de ella información precisa sobre cuánto gasta su cartera, y el resto del Ejecutivo, en propaganda política y transmisiones en vivo del canal estatal de las actividades del Presidente y del Vicepresidente. No lo logró. Contraviniendo la ley, Paco se negó a dar las cifras que los opositores le demandaban y, con una sorna pocas veces vista, dijo que "vayan a buscar en internet”.

Respecto de los partidos de fútbol que juega el presidente Evo Morales y que son transmitidos en vivo por el canal estatal, lo que implica un gasto de movilización de equipos, de personal y de la propia trasmisión, la ministra no quiso precisar cuánto eroga el Estado. Defendió esas transmisiones y señaló que en realidad esos partidos de fútbol eran parte (el Presidente no puede jugar fútbol desde que fue operado en junio pasado) de actos de inauguración de obras.
 
Pero aunque la Ministra (no deja de ser sorprendente que hasta hace sólo unos años Paco era una periodista en ejercicio, que demandaba a las autoridades la información que hoy ella niega) rechazó dar cifras, éstas se conocen con relativa precisión. Unos 80 millones de dólares son gastados por distintas entidades estatales, como empresas autónomas y ministerios, en propaganda política al año. Su propio ministerio gasta unos 70 millones adicionales, con lo que la cifra total estimada por algunos estudiosos es de 150 millones de dólares, una friolera para un país tan pobre como Bolivia, y 15 veces más de lo que destinaban  gobiernos anteriores al de Evo Morales. Futuros gobiernos indagarán sobre estos hechos y algún juez podría incluso llegar a la conclusión de que implicaron uso irregular de recursos estatales.

Más o menos el mismo tono tuvo la interpelación inmediatamente posterior, realizada al ministro de Economía y Finanzas Públicas, Luis Arce. Quien, como suele hacer, reiteró las supuestas ventajas que ha logrado lo que él afirma que  es un "modelo económico único” para Bolivia, y que es el resultado  de vivir la década de mayores ingresos de la historia de Bolivia desde su creación y haber, con ello, afianzado el "capitalismo de Estado” que estuvo en boga en Bolivia hasta los años 80 y muy de moda en América Latina en el presente siglo. 

Una de las cosas que señaló el ministro  Arce, tal vez la más ofensiva, es que "no porque sea del Estado vamos a comprar cualquier cosa”, en referencia a que en el pasado el Estado compraba muebles bolivianos y no importados. ¿O sea que lo que hacen los mueblistas y artesanos bolivianos es "cualquier cosa”? ¿O sea que es mejor lo importado que lo nacional? ¿Dónde queda entonces el supuesto discurso a favor de la industria y producción nacionales? ¿Dónde quedó la retórica contraria al "capitalismo” y al "colonialismo”? 

La forma dispendiosa de comunicarse del ministro Luis Arce demuestra que todo ello no es más que pura palabrería. Si algo caracteriza al Gobierno  hoy es su afán de vivir entre lujos y excesos.
Por supuesto que las oficinas públicas tienen que ser cómodas y adecuadas para los funcionarios y, sobre todo, para los ciudadanos que hacen trámites en ellos. Pero es muy distinto optar por carísimos muebles importados en vez de nacionales y derrochar más dinero del necesario. Ello contrasta, además, con la pobreza de las instalaciones de la Policía, puestos aduaneros fronterizos y otras instalaciones estatales. De eso, el ministro Arce, no se preocupa.

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