Editorial

Refugiados, el drama que no acaba

domingo, 6 de noviembre de 2016 · 00:00
El de los refugiados en Europa es un drama que no hace sólo a la cantidad (incontrolable) de personas que día a día llegan a diferentes países, sino del impacto que tiene esta migración forzada en esa parte del mundo, en el resto del planeta y, especialmente en la vida de cada uno de los afectados.

Hace unos días, cuando Francia anunció el desmantelamiento de un gran campo de refugiados,  Calais (en las proximidades de su frontera con Reino Unido), argumentando que las más de 6.000  personas que allí vivían serían relocalizadas en otros campos, el mundo pudo ser testigo, una vez más,  de lo que representa este inmenso éxodo de personas sin destino ni futuro.
 
Muchos de los refugiados están en familia, por lo que cualquier decisión debe contemplar el bienestar de todos sus integrantes; otros son niños o ancianos en orfandad, que también implica un enorme desafío de reinserción social. Por ello, y porque en Europa se ha asumido -al menos en lo formal- responsabilidades sobre esta población, se están debatiendo diferentes opciones para administrar este proceso de la mejor forma posible; la canciller alemana Angela Merkel es una de las defensoras de una política respetuosa de los derechos de los refugiados (de los que son declarados como tales).

Y es que no todos los contingentes de personas que atracan en diversas ciudades de Europa son considerados así: para adquirir el estatus de refugiado, la persona debe pertenecer al conjunto de quienes están en el cupo que cada país ha fijado para su territorio. Solamente en Alemania hay cerca de un millón de personas.

Aunque prácticamente el 50% de los refugiados que llegan a Europa proceden de Siria, otros países africanos como Nigeria, Eritrea y Somalia también son expulsores de contingentes de población en busca de mejores condiciones de vida. La Unión Europea predice nuevas oleadas de refugiados, algunas procedentes de Egipto, Sudán y Libia.

Esto configura una de las más acuciantes crisis humanitarias jamás vividas: casi 4.000 personas han muerto ya en lo que va de 2016 en su huida por el Mediterráneo, según la Organización Internacional de las Migraciones (OIM). Hasta finales de octubre de este año se contabilizaron 3.940 muertes, una cifra que supera ya a los más de 3.700 muertos en 2015 en la misma ruta.

Entre enero y finales de octubre de 2015 llegaron a Europa unos 730 mil  migrantes y refugiados por el Mediterráneo, frente a los 334 mil  del mismo periodo de 2016. Los expertos de la ONU atribuyeron la subida de los casos de muerte, pese a la caída de cifras de migrantes, al uso de embarcaciones cada vez en peor estado y cada vez más saturadas de gente por parte de los traficantes de personas.

Pero, la crisis humanitaria no acaba cuando los grupos de refugiados atracan en costas europeas;  la situación política que vive Europa ha puesto este tema en el centro del debate. A pesar de posiciones de "brazos abiertos” como la de la canciller alemana Angela Merkel, la oposición a continuar dando acogidas a un número indeterminado y nunca decreciente de refugiados es prácticamente generalizada. En Hungría, el Gobierno  hizo construir una valla en la frontera con Serbia, y también se ha endurecido el control en la delimitación con Croacia. La mayoría de los refugiados que parten desde Grecia a través de la ruta de los Balcanes quieren llegar a Austria y a Alemania. Por otra parte, el ministro turco de Defensa, Fikri Isik, anunció que el muro de 911 kilómetros que su país está construyendo en la frontera con Siria estará terminado en el primer semestre del próximo año. 

Entretanto, el desalojo del campo de refugiados de Calais ha conseguido que la situación en París se agrave, con más de 2.000 refugiados que buscan cobijo en sus calles en condiciones de extrema vulnerabilidad.

¿A dónde puede llegar esta crisis? Nadie puede prever, sólo se puede adelantar que las consecuencias de la misma pueden determinar el futuro de la democracia europea.

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