Editorial

Problemas con perros violentos

lunes, 7 de noviembre de 2016 · 00:00
Nuevamente los perros son noticia, y no positiva. Un can pitbull, considerada como una raza peligrosa, atacó a una familia y causó daños a dos de sus integrantes, una mujer embarazada y su hija. El padre de la mujer en gestación salió a defenderlas y tuvo que hacerlo blandiendo un machete. Mientras ello sucedía, una mujer filmaba la situación y se solidarizaba con el perro y no con el hombre, en una nueva muestra de cómo algunas personas pierden el sentido de las cosas y creen que los animales tienen más derechos que los seres humanos.

 En marzo, una mujer de 37 años murió en Cochabamba, atacada por varios perros de esa raza.
 
Hace unos años, la niña Rosalía quedó con el rostro desfigurado por el ataque de un perro rottweiler (otra raza considerada de riesgo) y, aún con toda la ayuda médica conseguida por Claudia Tolay, una humanitaria mujer boliviana que vive en EEUU, las huellas de este hecho en su rostro la acompañarán por toda la vida.

 Pese a éstos y decenas de otros eventos, la sociedad no toma conciencia sobre la necesidad de controlar la cantidad de perros callejeros o que, teniendo dueño, son dejados en libertad en las calles durante el día. Esos perros, como lo hemos señalado en estas páginas, escarban y esparcen la basura, vuelven a nuestras calles peligrosas, contagian enfermedades y, como  ha sucedido, atacan a las personas a veces hasta la muerte.

 Los grupos defensores de los animales tienen tal capacidad de movilización que los municipios, entre otros el de La Paz, se han rendido ante ellos y han olvidado su obligación de supervisar el tema. Se requieren camiones de la perrera, cazar a estos animales temporalmente hasta que aparezcan sus dueños  y multarlos gravemente. Cientos de miles de perros deambulan por las calles de las ciudades bolivianas, dando un terrible aspecto, generando una sensación de abandono y decaimiento, y esparciendo sus heces y orina sin que sus dueños hagan nada al respecto.

 Los animales tienen derechos, efectivamente, pero también los tienen las personas. Quienes poseen mascotas deben tratarlas con cariño y respeto, darles protección y cuidarlas en todo sentido. Pero las responsabilidades de los dueños de esos animales no terminan allí. También deben asegurarse de que salgan a la calle solamente con correa  y bozal si fuera necesario, portando además una bolsa para colocar allí sus desechos. Eso, que es tan obvio para cualquier país civilizado, en Bolivia es anatema. Los defensores de los animales ejercen una agresividad verbal, y hasta física, tan grande, que las autoridades están con las manos atadas. Mientras tanto, ataques como el más reciente seguirán ocurriendo.
 

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