Editorial

Acusaciones en el caso LaMia

jueves, 15 de diciembre de 2016 · 00:00
El Gobierno es predecible: cada vez que está  ante un escándalo, acusa a funcionarios intermedios o bajos, exculpa a los cargos más altos y contraataca denunciando a líderes opositores.

Cuando surgió el escándalo Fondioc, por ejemplo, o, más recientemente, el caso Morales-Zapata, fue ese exactamente el guión: acusar a mandos medios, incluso hacer que sean detenidos y luego pasar a la ofensiva y denunciar a opositores. Con referencia al Fondo Indígena, fueron detenidos numerosos mandos medios y el presidente Evo Morales expresó que "la derecha” había infiltrado a las organizaciones y corrompido a los dirigentes. Cuando se produjo la extensa polémica generada por la exnovia del Presidente, Gabriela Zapata, se ordenó la detención de un chofer y una directora de unidad, y también, mediante un confuso organigrama, se dijo que "la derecha” estaba detrás del complot debido a que una hermana de Zapata había sido diputada por un partido opositor.

En los casos del racionamiento de agua en La Paz y en el accidente ocasionado por la línea aérea LaMia, se actuó de la misma forma. Siempre son culpables los mandos medios e inferiores. Jamás las cosas llegan al nivel de ministros (o si lo hicieron, como en la detención de Nemesia Achacollo, ello ocurrió un año después de su remoción del gabinete).

En el escándalo del avión que se estrelló y mató a 71 personas,  se actúa de la misma manera: se acusa a los funcionarios de nivel medio y se liga a los posibles responsables con la oposición.
 
Debido a que el piloto Miguel Quiroga, fallecido en la tragedia  en Medellín, era yerno del exsenador opositor Roger Pinto, exiliado en Brasil,  el Gobierno, mediante el Vicepresidente y el Ministro de Defensa, buscan vincular las irregularidades con éste. Como Quiroga no puede defenderse, entonces se puede señalar cualquier cosa, por ejemplo, que era testaferro de su suegro.

Reproducir esta estrategia no es serio: fue el Gobierno, no Pinto, quien contrató al hijo del expiloto presidencial y amigo del Presidente Gustavo Vargas -quien  entregó el permiso de operación-. Fue el Presidente  quien nombró a Virgilio Pereira, otro militar con el que tiene amistad, en el cargo de director de la DGAC, y fue este último quien refrendó el permiso, irregular, para LaMia. El anterior director, Luis Coimbra, declaró en 2014 que LaMia no debería operar como línea comercial y, sin explicar las causas, fue destituido por el Presidente, quien colocó allí a Pereira, un militar con el que trabó amistad durante dos confinamientos en localidades del oriente en 1995. Actuar de esa manera solo acrecienta las dudas sobre las responsabilidades del Gobierno en este tema.

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