¿Quién decide la reelección?

domingo, 25 de diciembre de 2016 · 00:00
Cuando se escucha al presidente Evo Morales explicar lo que piensa de su propia repostulación,  se aprecia con qué naturalidad él asume que realmente se debe anular el referendo realizado el pasado 21 de febrero -en el que la posibilidad de cambiar la Constitución Política del Estado para hacer viable otra postulación suya  fue rechazada por más del 50% de los votos- y cómo se podrían acomodar las leyes para que una de las "vías” que propuso su partido en un congreso  sea la que abra esta ansiada posibilidad.
 
Para nuestro Presidente  las mentiras sobre el caso Zapata han sido tan relevantes  que definieron el resultado de los comicios y, por ello, es perfectamente natural y posible ignorar sus resultados. Son igualmente mentiras los conflictos de los discapacitados, de los cooperativistas, etcétera: todo lo que cuestiona   a su gobierno. 
 
Por otro lado, el mandatario dice sentirse conmovido y sorprendido por las expresiones espontáneas de apoyo que recibe en los actos públicos y obviamente en el congreso de su partido y  parece sentirse incapaz de contradecir sus deseos  de permanecer en el poder indefinidamente. 
 
Muchos análisis pueden surgir de estas y otras expresiones presidenciales, pero con las expuestas  basta para ver cuán difícil es defender la institucionalidad y los valores democráticos en estas condiciones. Si el Presidente concentra en sí mismo y en sus seguidores este tipo de decisiones, ¿se pueden seguir defendiendo conceptos como la alternabilidad política, la independencia de poderes, el concepto de un mandatario como servidor público, el respeto a la voluntad del pueblo expresada a través del voto  o la necesidad de rendir cuentas ante cada uno de los ciudadanos? ¿Por qué el Presidente no muestra la misma empatía que exhibe con quienes lo proclaman y con los ciudadanos que no son de su partido?
 
 El Presidente dice que en 11 años de su gobierno se ha hecho más que en 180 años de vida independiente en Bolivia y que no puede dejar el país hasta terminar lo que él tiene planificado  hacer. Así de simple: si a alguien no le parece, ni modo. Lo importante es lo que él decide y lo que decide su partido.
 
Así las cosas, pareciera que el ciudadano común debe  limitarse a presenciar estas expresiones insólitas. Sin embargo, no se puede evitar cuestionar: ¿qué validez tienen las decisiones adoptadas por el congreso del MAS? Aunque sus conclusiones han adquirido el poder de un designio, es pertinente, en primer lugar, saber si el congreso cumplió o no con los procedimientos legales para ser considerado  válido. 
 
En este contexto, el analista Jorge Lazarte no sólo cuestiona la composición del congreso del MAS, sino el ejercicio de  "democracia interna” en este partido. "Muchos delegados fueron por cuenta propia, sin que hubieran sido elegidos, sino nombrados por padrinos o autonombrados; la presencia  significativa de estos delegados (que de 3.550 subieron a 6.000) pone en cuestión la  validez misma del congreso y sus   decisiones, una de las cuales fue la propuesta de  las "cuatro vías” para efectivizar  la  reelección de Evo Morales”.
 
Siguiendo  esta reflexión, ¿puede un partido, por muy numeroso o importante que sea; o incluso un gobernante, por bueno que sea, adjudicarse las decisiones de todo un país?
 
Es, sin duda, un momento crítico para la democracia boliviana y para el futuro del país. Ojalá que las autoridades, que son  representantes de todos los bolivianos (de los que son de su partido y de los que no lo son), puedan asumir esta condición y actuar en consecuencia. Por muy importante que sea la misión de Evo Morales y el proceso de cambio, se debe acatar lo que dice el pueblo a través del voto.
 
 Un Presidente no puede dejarse seducir por la aclamación, sino por el voto. Fue así como nuestro actual mandatario llegó al poder y es por ello mismo -los resultados del referendo que él convocó- que debe irse, dando lugar a otros liderazgos, incluso de su propio partido. Eso es democracia, un concepto que el propio Morales asume como una conquista de su mandato. 
 
Es de esperar que el peso de los principios ante los aplausos, le permita decidir adecuadamente.

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