Los desastres previsibles

martes, 8 de marzo de 2016 · 00:00
En Orinoca, donde nació el Presidente y donde se construye un enorme museo en su honor, la sequía es tan evidente que el lugar parece un enorme desierto. En ocasión de la realización del Rally Dakar, en enero pasado, los comunarios aprovecharon la presencia de periodistas de todo el mundo, para alertar sobre la dramática sequía que afecta a la región, donde, según el testimonio de un reportero gráfico "en el camino ya se veía tierra  árida, desértica, con dunas de arena y con  llamas  muertas, secas; la tierra era caliente y los lugares donde una vez hubo riachuelos y fosas artificiales de agua para cultivar la quinua habían desaparecido”.

En busca de una explicación que los azota y que está afectando sus principales actividades económicas (el cultivo de quinua y la cría de camélidos), los pobladores creen que en la zona existe alguna actividad volcánica. Sostienen que pidieron ayuda a la Gobernación de Oruro, pero que las autoridades "no les creyeron”. Por eso se organizaron  para llegar a las autoridades nacionales. Necesitan maquinaria para construir pozos más profundos donde puedan acumular el  agua de lluvia, siempre y cuando la época de lluvias de este año   sea más benigna que las de  años anteriores. De hecho, alertan sobre el peligro que acecha al lago  Uru Uru, que se convirtió  en un basural y que está, como el lago Poopó, al borde de la sequía y desaparición.
 
Es realmente alarmante la emergencia de estos desórdenes climáticos que están afectando al altiplano boliviano.
 
Aunque las consecuencias en la calidad de vida de las comunidades circundantes han sido suficientemente denunciadas, seguramente serán los impactos en la economía los que llamen finalmente la atención de las autoridades. Hace pocos días, el director del Centro Internacional de la Quinua, Édgar Soliz, informó que la producción de quinua en el departamento de Oruro cayó hasta un 50% por los efectos del fenómeno El Niño. Oruro es la principal zona productora de quinua del país, donde participan 168 comunidades del  Santuario de Quillacas, Pampa Aullagas, Salinas de Garci Mendoza y Santiago de Huari. Los comunarios producen principalmente la quinua tipo Real de calidad de exportación. 
 
Nada se puede hacer ante los fenómenos climáticos; cuando estos se desencadenan sólo hay que prepararse para sus efectos. Sin embargo, estos ejemplos muestran la urgencia de encontrar soluciones de fondo a problemas relacionados con el clima y el medioambiente. No se trata únicamente de reaccionar ante el desastre sino de encontrar fórmulas que de alguna manera ayuden a las zonas vulnerables a enfrentar una verdad irreversible: la del cambio climático.

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