Opinión

La OEA recupera la identidad perdida

miércoles, 20 de abril de 2016 · 00:00
Después de años en los que la OEA perdió legitimidad y relevancia internacional atenazada por la Unasur -creada justamente para quitarle brillo-, y sus propias inseguridades y debilidades, la más antigua entidad de las Américas ha empezado nuevamente a recuperar influencia y autoridad.

Quizás el punto más bajo de la OEA fue el que se experimentó bajo el liderazgo de José Miguel Insulza (2005-2010), quien llevó a la entidad por los meandros de la indefinición y la falta de compromiso. Insulza, que es un político considerado de carácter fuerte en su país natal, Chile, donde ocupó importantes cargos, siempre desarrollándolos con un alto perfil (hoy es agente chileno ante La Haya), en la OEA hizo un penoso papel.  
 
Si la OEA era ya criticada por su falta de acción y su estilo temeroso con los gobiernos de los Estados miembros, bajo Insulza se llegó a extremos. En su gestión, la OEA fue señalada por no  enfrentar los graves problemas de derechos humanos que afectaron a países como Venezuela, Ecuador o Bolivia, para citar algunos ejemplos, ni los grandes desafíos humanitarios, y de otro tipo, que vivieron naciones como Haití, Honduras y Guatemala. Insulza llevó a la OEA casi a la inanición, siempre preocupado de no molestar a los presidentes de turno de los países, entre ellos Evo Morales. 
 
Por eso resulta encomiable y auspiciosa la gestión que ha realizado hasta ahora su sucesor, el uruguayo Luis Almagro. Sin tomar medidas radicales, ni mucho menos, y siguiendo su estilo personal afable y diplomático, Almagro ha emitido, por ejemplo, criterios firmes y claros sobre la situación venezolana llamando la atención pública sobre  las características de un régimen que no solo está afectando seriamente a la democracia de su país, sino también su economía. Lo hace munido de la Carta Democrática que debe guiar las acciones de la OEA. Recordemos que el secretario de Estado norteamericano, 
 
John Kerry, dijo que Washington estaría de acuerdo con invocar la Carta Democrática de la OEA contra Maduro si la oposición venezolana lo exige. Ahora, Almagro también ha hablado con claridad sobre el caso brasileño. Y ha señalado algo en lo que este diario coincide: la crisis de esa nación no se resuelve con la destitución de la presidenta Dilma Rousseff, por una parte, ni ésta ha sido acusada de un acto de corrupción, sino de un tecnicismo que le ayudaba al Gobierno a endeudarse en mayores niveles. 
 
Ahora que  Unasur -creada por los países del ALBA- está quedando  sin prestigio ni poder, la OEA -en parte gracias a Almagro- puede  volver a ser el foro intercontinental por excelencia.

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