La discursividad de García Linera

jueves, 21 de abril de 2016 · 00:00
Alguna estrategia debe orientar el giro que desde hace algún tiempo –lo suficientemente largo para dejar de ser sólo un síntoma- el vicepresidente del Estado, Álvaro García Linera, ha adoptado en el contenido de sus discursos. El tono es, por lo demás, ajeno a su renombre como intelectual, académico, pensador y conductor ideológico del proceso de cambio.

Aún se pueden ver algunos atisbos de esto último cuando se encuentra ante auditorios "más eruditos”, pero la cantidad y calidad de sus discursos ante otros públicos ha ido mellando su reputación intelectual.
 
Por un lado están los discursos paternalistas, usados principalmente ante niños o en poblaciones rurales –y también los pronunciados en El Alto- en los que usa metáforas, como aquella célebre de que el sol se escondería y la luna huiría si perdía el MAS; y por otro, las advertencias pueriles, como que si vuelve la derecha los niños no comerán o que los padres deben hacer que los niños recen todas las noches por Evo.
 
No son menos emblemáticos y frecuentes los mensajes de odio y de polarización que el Vicepresidente propala en sus largas alocuciones, siempre transmitidas en vivo por los medios estatales. "Los asesinos volverán” si el MAS sale del poder, "los gringos privatizaron hasta el aire”, o que toda crítica a Evo es una crítica "al guardatojo y la pollera”. Así como  las inaceptables caracterizaciones de "vendepatrias” y "traidores” a todos los adversarios políticos.
 
Cuando parece que ya no puede haber una declaración más absurda que la anterior, aparece otra. Les dijo a escolares que "se pongan cartuchos de dinamita” para evitar futuras privatizaciones; luego expresó que la derecha quiere "degollarlo” a él y al presidente Evo Morales y después lanzar los cuerpos para que se los "coman los perros”. Y finalmente ofreció regalos a los escolares que ataquen a Samuel Doria Medina y Gonzalo Sánchez de Lozada.
 
Nunca desde la recuperación de la democracia se había visto a un Jefe de Estado ejercer de forma tan extremadamente creativa la demagogia.
 
El partido de Gobierno y el Vicepresidente, particularmente, han entrado en una lógica de verborragia discursiva que los coloca casi a diario en los medios gubernamentales como en  una campaña política perpetua y de total demagogia; una demagogia que no reconoce los límites del sentido común ni del respeto a la inteligencia aún de los menos sofisticados, pero que, sin duda, obedece a una particular estrategia política que algún objetivo persigue, así sea a costa de la paciencia y tolerancia de los ciudadanos. 
 
Hay que admitir que la sociedad boliviana, aunque lo critique, se encuentra tan falta de reacción y los medios tan disminuidos, que cosas que en el pasado hubieran sido inaceptables hoy son escuchadas silenciosamente; nadie reacciona ante expresiones que en cualquier otro contexto podrían ser consideradas humillantes. Hoy la indignación que generan estas palabras no provoca una verdadera sanción moral ni fuerzan al Vicepresidente a hacer una autocrítica.   Algo que es también grave es la utilización arbitraria y desmedida de los medios del Estado, que en teoría pertenecen a todos, para lanzar alocuciones diarias como las comentadas. Es increíble que periodistas, reconocidos en el pasado por su espíritu democrático, y que hoy dirigen los medios gubernamentales, permitan y defiendan estos excesos y no tengan el menor pudor de seguir en sus cargos.
 
Es de esperar que en algún momento de los cuatro años que quedan de gestión del actual binomio  se pueda resignar la prioridad que se le da al discurso polarizador, confrontador y supuestamente metafórico, que hoy copa el tiempo y la atención de las principales autoridades. Tal vez así, si  apelara a la razón y hablara con mayor equilibrio y respeto hacia la opinión pública,  la imagen de intelectual internacional y símbolo del discurso y la teoría política de la izquierda latinoamericana que tan bien labró el Vicepresidente pueda ser rescatada del descrédito donde él mismo la ha dejado caer.

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