Carta Pastoral y lucha antidrogas

viernes, 08 de abril de 2016 · 00:00
No se podía esperar otra cosa. La reacción del Gobierno ha sido muy fuerte contra la Carta Pastoral distribuida por los obispos la semana pasada, en la que criticaron las acciones del Gobierno, entre otras cosas, por la forma cómo éste lucha contra el narcotráfico. 
 
Ante opiniones relativamente obvias, como que el tráfico de drogas ha aumentado en el país y que el narcotráfico ha penetrado ciertas estructuras del Estado, tanto el presidente Evo Morales  como el ministro de Gobierno, Carlos Romero, y otros dirigentes del oficialismo, reaccionaron con dureza. Desde que las opiniones de los obispos "son chismes” hasta los usuales "ultimátums” para que presenten pruebas, pasando por decirles que faltan a la palabra del papa Francisco, el oficialismo no quiso admitir algo que no se puede negar: existen decenas de autoridades, especialmente jefes policiales, involucrados en casos de narcotráfico. No es necesario "pedir pruebas” para ello, sino solamente leer los diarios. Algunos de esos oficiales involucrados en la lucha contra el tráfico ilegal fueron, ellos mismos, jefes antidrogas. Y dos de ellos están en cárceles de EEUU. Esa es la penetración estatal a la que seguramente se refería la Iglesia.
 
El Gobierno tiene, también, parte de la argumentación a su favor. El ministro de Gobierno, C   arlos Romero, hizo el esfuerzo de poner parte de ella en una detallada misiva enviada a la jerarquía de la Iglesia en la que demuestra, con bases sólidas, que el consumo de drogas en el país es bajo y que las extensiones de cocales se han reducido. Lo que no se ha logrado bajar es la producción y el tráfico de drogas. En el país existen menos extensiones de plantas de coca, pero aumenta la exportación de cocaína, lo que se explica en que las nuevas técnicas de producción son más eficientes ahora (es mejor una máquina lavadora de ropa que 30 "pisacocas” del pasado) y debido a que Bolivia es el paso de la cocaína peruana.
 
¿Se puede vencer al narcotráfico? La respuesta es sí. En lo que este diario difiere de la Iglesia (y del Gobierno) es en cómo hacerlo. En todos los países en los que se ha insistido en la lucha contra este mal, el resultado ha sido de derrota. Por eso una nueva tendencia, que busca la despenalización de algunas  drogas, está empezando a crecer y mostrar sus virtudes. Cuatro estados norteamericanos, además de Uruguay y varias ciudades de las Américas, han despenalizado el consumo de drogas, por lo menos de las blandas, como la marihuana. En Bolivia ese debate es anatema, debido al rasgo profundamente conservador del régimen (que explica también su aversión a tratar el matrimonio gay o el aborto). Pero bien podría instalarse.
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