Editorial

Ley de Identidad de Género

viernes, 27 de mayo de 2016 · 00:00
En un poco habitual y muy encomiable consenso, el Órgano Legislativo boliviano aprobó una ley progresista, que mejora la defensa de los derechos humanos de un sector de la población, como es el que incluye a los transexuales y transgénero.

La ley, que fue impulsada por ese grupo, y luego resultó bien acogida por la bancada mayoritaria masista (a la que se sumaron también los opositores), permite a una persona cambiar el dato del género que aparece en su cédula de identidad y, con ello, en el resto de documentos, como títulos escolares o profesionales, pasaportes, etc. La ley implica que una persona que, habiendo nacido con un sexo biológico  puede, si lo desea, cambiar su género puesto que considera que se acerca más a su identidad. 
 
La ley favorece a las personas que al nacer les fue asignado el mismo género que su sexo biológico, pero que sienten que esa identificación es inadecuada. Por lo tanto, sirve a las personas que nacieron con sexo femenino, pero desean tener género masculino, y viceversa. Antes, ello era imposible, la ley no lo permitía. Cabe aclarar que la situación de un homosexual o una lesbiana es distinta, ya que ellas son personas que están cómodas siendo, respectivamente, hombre o mujer.
 
Debido a las actitudes retrógradas que se viven en casi todos los ámbitos de la vida nacional, que exaltan los valores militares y el nacionalismo, Bolivia es uno de los últimos países en haber aprobado una ley de este tipo. En la región, Perú y otras pocas naciones mantienen sus normas sin modificación.
 
Y aunque las autoridades han señalado que esta ley no acepta el matrimonio de las personas del mismo sexo, los activistas LGTB han señalado lo contrario. Si una persona nacida como hombre puede tener documentos que lo identifican como una mujer, entonces legalmente puede casarse con un varón. Así lo han hecho conocer sus representantes. Es una victoria más a favor de la tolerancia y las libertades individuales.
 
Durante la Asamblea Constituyente, sin embargo, se perdió la oportunidad de hacer reformas importantes como por ejemplo aceptar el matrimonio o unión civil de las personas del mismo sexo o despenalizar el aborto. La visión  conservadora de la mayoría de los asambleístas lo impidió. En casi todos los países de la región estas reformas ya se han empezado a dar, incluidas otras, que también liberalizan la vida de las sociedades, como la despenalización de la marihuana. 
 
La nueva ley debería indicar un camino para la Asamblea Legislativa y ayudarla a tomar otras medidas progresistas, de vanguardia, que reconozcan nuevos valores en la sociedad.

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