Venezuela, de mal en peor

miércoles, 4 de mayo de 2016 · 00:00
Cuando parece que las cosas en Venezuela no pueden empeorar, la realidad demuestra que sí, que en casos de crisis profunda siempre un país puede seguir cuesta abajo. 

Una serie de políticas de controles cambiarios y de precios, más restricciones a la producción y las exportaciones, y sistemas de cupos y subsidios, han conducido a esa nación sudamericana a la peor crisis económica de su historia.
 
Si a ello se le suma la corrupción y la represión política, estamos frente a una situación de verdadera crisis.
 
La inflación está desbocada, la escasez supera el 80% de los productos de primera necesidad, entre ellos de medicamentos, y finalmente el racionamiento de electricidad ha  hecho que los dos millones de funcionarios públicos deban trabajar solo dos días a la semana para ahorrar energía. 
 
La situación es tan extrema que se han producido disturbios y saqueos en varios lugares, los más recientes y más graves en las ciudades de Maracay, La Guaira y Maracaibo, en el marco de protestas por la escasez de alimentos y medicinas, y los cortes de luz. Esas ciudades también enfrentan interrupciones en el servicio de agua potable. El culpable principal de este entuerto no es el presidente Nicolás Maduro, como se suele creer, sino su antecesor, Hugo Chávez, que puso en marcha esas políticas económicas cuestionables y demagógicas. Por lo que ahora se ve, de lo que se trataba en Venezuela era de ganar elecciones, no de mejorar la productividad del país, el empleo digno o la diversificación económica. Chávez y en un principio Maduro  pudieron pasar el temporal debido sobre todo al precio extremadamente alto que tuvo el petróleo, su principal y casi único producto exportable, durante una década. Hoy,  que los precios están a menos del 50% de lo que estuvieron en 2013, a 40 dólares el barril, una economía monoproductora e ineficiente en extremo le ha pasado la factura al  presidente Maduro. 
 
Con su escaso conocimiento de economía,  Maduro no tuvo ni el coraje ni la capacidad para tomar las medidas que su país requiere en el campo económico: eliminar los subsidios y los controles de cambio y de precios, liberar el comercio exterior y subir los precios de los combustibles. Hoy sigue costando 10 centavos de dólar (al tipo de cambio paralelo) llenar el tanque de un vehículo común. Así no hay economía que aguante.
 
Y, encima de todo, está la represión, que se refleja en decenas de presos políticos, la persecución a medios de comunicación y entidades de la sociedad civil. 
 
Es tan aguda esta situación que al parecer solo un cambio de modelo económico y la restauración plena de la democracia harán que la crisis sea resuelta.

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