Aumento de la burocracia estatal

viernes, 6 de mayo de 2016 · 00:45
Uno de los efectos de la liquidez que favoreció al país en la última década fue, en el lado positivo, la ampliación de la economía. Como se sabe, el PIB creció más de tres veces en 10 años (en parte gracias a la sobrevaloración del boliviano), lo mismo que el gasto público y las inversiones. La economía boliviana es otra, diferente, a la de mediados de la década pasada.

El lado negativo de ese auge es, como ya se ha mencionado en estas páginas, la propensión a  construir obras faraónicas, alentadas desde del Poder Ejecutivo. Solo en cinco edificios el Gobierno gastará casi mil millones de bolivianos. Todas esas obras (Palacio de Gobierno, Palacio Legislativo, sede de YPFB, edificio del Ministerio de Economía y museo de Orinoca) o se podían evitar o construir de una manera más sobria y austera. Perfectamente se podría haber gastado un 10 o 20% del monto mencionado para cumplir con las necesidades de las autoridades bolivianas.
 
Otro de los aspectos negativos de la bonanza, del que se habla menos, es el que se refiere al aumento de la burocracia estatal. Obviamente una economía más grande necesita también una administración pública más grande y, ojalá, mejor preparada, con sistemas más modernos y ágiles para atención de los requerimientos de la sociedad.
 
Lo que ha sucedido, sin embargo, es que aumentó gravemente el número de empleados públicos, de una manera desproporcional a los servicios ofrecidos. 
 
En total, según una nota de este diario con base en análisis de presupuestos estatales, los empleados públicos han subido de 255 mil a 387 mil, un aumento del 50% en una década. Pero si a esas cifras se le restan policías, militares, maestros y personal de salud, cuyas características de "empleados públicos” son distintas, resulta que  la burocracia ha aumentado de 56.000 a 124 mil, es decir un aumento del 121%, más del doble. En ese marco, los ítems de empresas públicas han subido en 23 veces. Hoy trabajan 16.000 personas en las empresas públicas, lo que representa un aumento injustificado, si se considera que la mayoría de las empresas públicas son deficitarias. La fortaleza de YPFB, Entel y BoA  hace que se disimule el mal desempeño de las otras empresas estatales creadas por el régimen.
 
Por otro lado, como también se ha señalado, el aumento de la administración pública no es sinónimo de eficiencia: ni en el acceso a la información ni en la disminución de la burocracia. Ahora que la economía empezó a frenarse, estos excesos en la administración pública empezarán a mostrar las dificultades que generan. Serán un lastre para una futura recuperación.

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