Editorial

Rotundo No a la represa de El Bala

jueves, 14 de julio de 2016 · 00:00
El presidente Evo Morales acaba de anunciar, tras una reunión con empresarios de La Paz, que la represa de El Bala se construirá a un costo de 6.000 millones de dólares.

La decisión es sorprendente por varias razones, siendo una de ellas que el propio Gobierno contrató, en julio de 2015, a una empresa, la italiana Geodata, para que hiciera el estudio de factibilidad. Geodata debe concluir su informe en julio de 2017 para saber cómo se procederá y si la construcción de la represa es viable o no.

Pero ya antes de ello, el Presidente anunció la elaboración de la obra e informó, además, que generará "por lo menos” 4.000 megavatios de electricidad. ¿Cómo Morales toma esa decisión sin esperar el resultado del informe? ¿Para qué se contrató entonces a Geodata - por 22 millones de dólares que pagamos los bolivianos - si su estudio no sería tomado en cuenta?

Existen varias opciones para construir la represa, que vienen desde los años 50. Todos ellas fueron sucesivamente desechadas debido a su alto costo, su resultado económico incierto y, en tiempos más recientes, por su elevadísimo costo ecológico. Diversos activistas y biólogos han señalado que hacer esta obra implicaría un crimen de lesa humanidad.

Uno de los primeros estudios, realizado en los años 50 por el profesor alemán Heinrich  Press, proponía realizar una represa de 205 metros de altura, que inundaría un área de 300 kilómetros cuadrados. Si se la realiza de 169 metros de altitud, como fue la propuesta de la empresa consultora CBP, en 1997, el área inundada sería de 200 kilómetros cuadrados.

Existen ideas, menos dañinas, como hacer represas tipo cascadas, de menos de 100 metros cada una, pero su capacidad de inundar la zona es igualmente nefasta.

Impedir el flujo del agua del río Beni, que va de sur a norte, como ocurriría con la represa, produciría la inundación, que generaría colosales problemas al medioambiente y a las personas.

Incluso la cifra de 4.000 megavatios no tiene sustento. Para generar menos de 2.000 se requería hacer la mencionada represa de 205 metros, así que para producir 4.000 la obra tendría que ser aún más elevada. Son cifras que lanzan las autoridades y que no tienen sentido alguno.

Tampoco está claro quién compraría esa electricidad. Las zonas peruanas del otro lado de la frontera son, por lo general, despobladas y el costo de construir sistemas de transmisión de alta tensión es muy elevado. Brasil es una opción, pero ya cuenta con las nuevas y grandes represas de Santo Antonio y Jiraú. Y Argentina está muy lejos y, por tanto, el costo de interconexión es muy alto.

Si se realiza la obra se perjudicará a cientos de familias de pueblos indígenas que viven en la ribera y zonas aledañas al río Beni, y otros cursos de agua secundarios, que tendrían que ser reubicadas.

Más importante, se dejaría prácticamente sin vocación productiva a ciudades como San Buenaventura, en La Paz, y Rurrenabaque, en Beni, ya que el turismo de la zona desaparecería, y ésa es su principal actividad económica.
Se perdería el turismo, decimos, por la gran inundación que se ocasionaría, que dejaría bajo las aguas al 60% del Madidi y Pilón Lajas, el parque contiguo, señalan algunos estudios. Sin Madidi no habrá más turismo y se romperá así la actividad de esas ciudades. Veremos si ENDE compensa económicamente a los cientos de guías turísticos, propietarios de ecoalbergues, dueños de restaurantes y lancheros que quedarán desempleados si se construye la represa.

También se afectaría, obviamente, la diversidad biológica. Al quedar cientos de kilómetros cuadrados bajo las aguas, decenas, si no cientos de especies podrían desaparecer. Todos los animales de tierra tendrían que buscar nuevas zonas, más altas, para refugiarse, pero no siempre podrán lograrlo. Para las aves sería igualmente pernicioso, ya que los árboles que los cobijan quedarían bajo el agua.

Madidi y Pilón Lajas representan el área protegida con mayor riqueza biológica de Bolivia, con unas 7.000 especies de plantas, 800 de aves y 200 de mamíferos.

Pese a todo esto, el Gobierno persiste en esta idea. Lo más penoso es que también la Federación de Empresarios Privados de La Paz se suma con entusiasmo y acriticidad al plan. Como si hubiera desarrollo posible matando a la naturaleza.
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