Editorial

Fallido golpe de Estado en Turquía

martes, 19 de julio de 2016 · 00:00
Menos de 10 horas después de iniciada, la intentona golpista en Turquía fue desbaratada por completo en la mañana del sábado 16 de julio. El presidente Recep Tayyip Erdogan logró recuperar el control del país, tras la muerte de 265 personas, 104 de ellas golpistas. Además, 2.839 militares rebeldes han sido detenidos, entre los que se encuentran dos generales. 

Un aspecto clave fue que miles de ciudadanos salieron a las calles a defender el régimen de Erdogan. Durante los sucesos, la comunidad internacional mostró su apoyo al gobierno electo y condenó posteriormente el fracasado golpe de Estado. 

La mayoría de los países de Europa, así como Rusia, China y EEUU, emitieron urgentes comunicados a favor de Erdogan, con el que todos ellos tienen relaciones complejas. Aun así se reconoce que el presidente turco es un jugador clave en una zona altamente inestable como el Medio Oriente y un aliado crucial para Europa, nada menos que encargado de coordinar el flujo migratorio sirio y de otras naciones hacia el continente europeo.
Turquía es integrante de la OTAN y desde hace años debate con el resto de Europa su posible incorporación a esta organización. Se cree que su ingreso a la UE es posible y podría ocurrir en el mediano plazo. 

Erdogan es un presidente popular, que gobernó primero como Primer Ministro y luego cambió la Constitución para hacerse Presidente. Si bien ha ganado todos los comicios a los que se ha presentado, su país no es plenamente democrático. Los medios de comunicación están bajo acoso (se han cerrado medios y casi no existe prensa independiente y crítica), hay dirigentes opositores detenidos, la sociedad civil está debilitada y atemorizada. Ya van 13 años de gobierno de Erdogan y el líder conservador no da señales de que dejará el poder. 

Su megalomanía ha aumentado en los últimos años, después de un inicio como un mandatario modesto y austero, y en los últimos años incluso construyó un enorme nuevo Palacio de Gobierno, que tiene 1.000 habitaciones.

Así que Europa soporta a Erdogan, pero todos los países reconocen su espíritu autoritario y la reducción del carácter secular de Turquía. Desde la fundación de la Turquía moderna, por Ataturk, en 1923, en ese país la religión musulmana, que es mayoritaria, se ha mantenido estrictamente separada de los asuntos del Estado, a diferencia de otras naciones islámicas.

 Pero Erdogan ha ido reduciendo aquello y contaminando su gobierno cada vez más con posiciones religiosas, así como posiciones casi autocráticas. Por ejemplo, el del presidente francés, François Hollande,  ha considerado que el fracaso de la intentona golpista propiciará "sin duda” un período de represión en el país. El presidente francés François Hollande fue el único mandatario que realizó una declaración crítica: "(Si Erdogan) ha restablecido completamente la situación, y creo que es el caso, vamos a tener un período de mucha calma, pero sin duda también habrá represión”, señaló. Luego agregó que "un cierto número de militares que van a tener que responder de lo que han hecho y de lo que no” y llamó a que no se produzca un aumento de la represión.

El mundo debe estar atento y evitar lo que hoy parece probable: que el autoritario Erdogan endurezca aún más sus posiciones y quite lo poco que queda todavía de democracia en esa nación. 

Las primeras señales de ello ya se han dado en estos primeros días tras el golpe: han sido detenidos 2.745 miembros del órgano judicial (entre jueces y fiscales), incluido el juez de la Corte Constitucional, la más alta instancia legal del país, y 10 jueces del Danistay (Consejo de Estado), uno de los organismos supremos de la judicatura turca. Los jueces fueron destituidos por ser sospechosos de estar relacionados con el predicador Fetullah Gulen, exiliado en Estados Unidos y enemigo del gobernante. Gulen ha sido acusado por el Gobierno turco de haber digitado, desde EEUU, el golpe de Estado, cosa que él ha negado.

También han sido detenidos activistas, dirigentes opositores y estudiantes. Al parecer, el temor de Hollande se cumplirá y la represión recrudecerá.

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