Editorial

Persistencia del terrorismo

miércoles, 6 de julio de 2016 · 00:00
El tercero de los recientes ataques atribuidos al Estados Islámico ha sido uno de los más mortíferos de los últimos años: un camión repleto de explosivos estalló en un mercado de Bagdad, capital de Irak, al terminar el mes de ayuno del Ramadán. El espantoso saldo es de  unos 165 muertos y  unos 200 heridos, muchos de ellos niños. 

Este, decimos, fue el tercer ataque en pocos días, todos atribuibles a la organización terrorista Estado Islámico.

El primero ocurrió en el aeropuerto de Estambul, Turquía, cuando terroristas primero dispararon a civiles y luego hicieron estallar explosivos, que terminaron con la vida de al menos 46 personas. Posteriormente, en Dacca, capital de Bangladesh, militantes islamistas ingresaron a un café y mataron al menos a 20 personas.

Los especialistas han señalado que esta brutal reacción del Estado Islámico se debe principalmente a la pérdida territorial que la banda terrorista ha sufrido en meses recientes dentro de las fronteras de lo que ellos denominan su califato, que controla zonas de Siria e Irak. De 56 localidades que llegó a tener bajo su control, EI ha perdido la mitad. Entre las más importantes que ya no controla están Palmira, en Siria, y Mosul y Faluya, en Irak, recientemente recapturadas por el Ejército y la aviación iraquíes.

Estas son tres de las más fuertes derrotas militares del Estado Islámico, una organización que desea imponer una retorcida visión del islam, rechazada por la mayoría de los musulmanes. 

El problema es que el EI podrá perder terreno en el campo geográfico y militar, pero su capacidad de generar terror se mantiene intacta. Militantes de esa banda tienen la capacidad de asesinar civiles debido a su nulo respeto por la vida humana y por su propio deseo de inmolarse por una distorsionada visión de la religión.
Autoridades de varios países han señalado que mientras EI siga perdiendo territorios, intentará mantenerse en la palestra internacional dando estos golpes.

La guerra contra el terrorismo islamista tiene que tener varios frentes, como hemos señalado ya en anteriores oportunidades: el militar, que reduzca su capacidad de acción en su actual "califato”; el de inteligencia y supervigilaria, que logre detectar dónde están sus principales cabecillas para luego enfrentarlos o detenerlos; el económico, impidiendo sus fuentes de ingreso, por ejemplo, la venta del petróleo obtenido de los pozos que controla; el informático, evitando que sus líderes puedan reclutar y coordinar acciones con militantes de otros países; y el financiero, para reducir sus posibilidades de hacer movimientos económicos. Es una tarea larga, pero imprescindible de realizar.

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