Editorial

Problemas en la exportación de gas

viernes, 8 de julio de 2016 · 00:00
Diversas informaciones han puesto en el centro de la atención, nuevamente, las dificultades que enfrenta la industria del gas en el país. La exportación de ese carburante es el pilar de la economía boliviana, especialmente en la última década, gracias a un modelo económico que enfatiza el extractivismo y la exportación de materias primas.

La primera de esas informaciones que causó sorpresa, e incluso malestar, es que Chile se ha convertido en un país reexportador de gas. Lo importa desde ultramar en estado congelado, lo regasifica en las plantas que ha construido y lo vende a Argentina, a un precio mucho mayor del que vende Bolivia. 

Argentina lo hace porque no le queda otra: los envíos de Bolivia están enfrentando cada vez más fluctuaciones. Además, su Gobierno pidió a fines de junio a las industrias de ese país restringir al máximo el consumo de gas natural debido a los bajos volúmenes disponibles desde Bolivia. 

Poco después, el embajador argentino en Bolivia dio por concluida la polémica y aseguró que los envíos se habían normalizado. La explicación de YPFB fue que el campo Margarita había pasado por un "mantenimiento”, lo que impedía exportar el total del gas disponible. Ello es por lo menos dudoso ya que nunca, en años de funcionamiento de ese campo, se había escuchado que "un mantenimiento” impida la exportación normal del energético. Paralelamente a los problemas con Argentina, en Brasil, los industriales y grandes consumidores de gas han pedido a su Gobierno que antes de firmar un nuevo contrato (el actual fenece en 2019) se realice un estudio sobre las reservas reales de gas natural de Bolivia y cuáles son las inversiones requeridas para garantizar la oferta de gas a Brasil en el largo plazo y de forma sostenida.

Lo real es que Bolivia no puede cumplir simultáneamente con los envíos de los máximos volúmenes establecidos en los contratos que ha firmado con Brasil y Argentina. Ello, más el aumento del mercado interno, hace que la situación sea de un frágil equilibrio. Bolivia no produce la cantidad suficiente de gas para los tres mercados. 
 Un estudio de la Fundación Jubileo señaló que los envíos a Argentina bajaron temporalmente a 10,8 millones de metros cúbicos por día, cuando la cantidad mínima debía ser de 19,9 millones en esta época del año (la máxima es de 23,4 millones de metros cúbicos). 

 A Brasil se le debe entregar 31,5 millones de metros en promedio, mientras el mercado interno boliviano requiere alrededor de unos 11 millones.

 Esta situación se debe a que las inversiones en exploración en Bolivia han sido escasas  en la última década. El Gobierno ha priorizado la explotación de los campos, no la búsqueda de nuevos. Como los recursos humanos y materiales de YPFB para el área de exploración son insuficientes, lo que el país necesita son inversiones privadas de empresas transnacionales. Sin embargo, las empresas extranjeras  están renuentes a hacerlo debido a que Bolivia las ha maltratado, por decir lo menos. En el pasado reciente, el país  ha abusado de un discurso agresivo contra ellas, les ha aumentado los impuestos y no demuestra  ningún apego por la seguridad jurídica. Esas compañías desconfían de las autoridades o consideran que las condiciones ofrecidas no son suficientemente interesantes y, por lo tanto, no han llegado al país al ritmo necesario para descubrir nuevos pozos y ponerlos en marcha.

Si a ello se añade la baja de los precios del petróleo, que en dos años ha caído de 120 dólares el barril a menos de 50, la situación no es para nada alentadora.

La nacionalización de los hidrocarburos (traducida principalmente en un aumento  de impuestos a las operadoras) tuvo un efecto positivo en varios planos, como el aumento de los ingresos para el fisco boliviano, el afianzamiento del gobierno de Evo Morales y hasta una elevación de  la autoestima de los bolivianos. Pero ha sido negativa,  para generar una industria exportadora de gas autosostenible. Sin inversiones externas no habrá nuevos campos. Y éstas se están haciendo esperar demasiado.

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