Editorial

Acusaciones a periodista de CNN

sábado, 9 de julio de 2016 · 00:00
Como si no fuera  suficiente la acusación contra un grupo de medios y periodistas nacionales sobre la presunta conformación de un "cártel de la mentira” con fines desestabilizadores, el Gobierno está empeñado en seguir reduciendo su prestigio internacional incluyendo a CNN dentro de la acusación.

El periodista Fernando del Rincón, de esa cadena de televisión, llegó a Bolivia interesado en realizar un reportaje sobre la existencia del presunto hijo de Evo Morales y su exnovia, Gabriela Zapata. 

Estuvo brevemente en el país y se entrevistó con el entorno de Zapata, quien le mostró un niño, como si fuera el hijo de Morales para que lo entrevistara. Su reportaje nunca fue emitido porque  algo le hizo dudar sobre la identidad del menor, empezando probablemente porque tenía, según las autoridades, cinco años, cuando el hijo de Morales y Zapata tendría actualmente nueve. 

Así que Del Rincón hizo lo que corresponde en estos casos: no sacar su nota periodística al considerar que no todo cuadraba ni estaba plenamente sustentado. Ahora resulta que el Gobierno señala que lo que Del Rincón debió hacer es denunciar a los familiares de Zapata. No es rol del periodista hacer aquello; el periodista dudó de la palabra de los adultos que le mostraron al niño, pero no podía, sin un estudio de ADN, confirmar o rechazar la información sobre la identidad del mismo. 

Ni CNN ni Del Rincón violaron la ley ni los códigos de ética periodística al no haber realizado la denuncia que esperaban las autoridades. Además, en Bolivia rige la Ley de Imprenta y ésta señala en su artículo séptimo que "no existe delito de imprenta sin publicación”. Ese principio rige en todos los países. 

¿Se imagina el lector que una persona redacte en su computadora un panfleto difamatorio y no lo imprima ni distribuya?  El sentido común, no sólo la ley, establece que esa persona no habría cometido delito alguno. Pero no piensan lo mismo las autoridades bolivianas, dominadas por un aparente deseo de polemizar a toda costa. 

Resulta que, para vergüenza internacional, el Gobierno boliviano acusa al periodista de cinco delitos, incluido el de trata y tráfico de menores. ¡Por haber entrevistado a un niño y no haber difundido la nota!

El Gobierno ha divulgado un documento en el que establece como "pruebas” contra Del Rincón y CNN algunos tuits de ese periodista y otras personas y unas fotos de una cámara de seguridad en la que supuestamente se ve al reportero y al niño al que iba presuntamente a entrevistar (la fotografía no es clara). Con ello, el documento gubernamental saca insólitas conclusiones: que Del Rincón realizó "apología de un delito o de una persona condenada”; "asociación delictuosa”; "encubrimiento”; y "complicidad”, en el entendido de que la ley establece que "es cómplice el que dolosamente facilite o coopere a la ejecución del hecho antijurídico doloso”.

Es curioso  cómo las instancias judiciales se pueden prestar a moldear las leyes a los propósitos de quienes -desde el poder, por supuesto- quieren dar forma a una acusación a cualquier precio.

 Muy a pesar de los objetivos que la sustentan, esta denuncia contra CNN se convierte en un respaldo al  periodismo independiente en Bolivia. Con este tipo de ejemplos, internacionalmente existe mayor conocimiento de los sinsentidos de los que se acusa a los periodistas en el país, además del lenguaje agresivo, el talante autoritario y el estilo acosador que se va haciendo frecuente.

El Gobierno persiste en mantener la estrategia de la hostilidad. Tras semanas de atacar a la Iglesia y los medios, descalificó a los dirigentes de la COB, siguió contra el representante diplomático de EEUU y finalmente se estrelló contra la cadena estadounidense CNN (para no mencionar las usuales alusiones a dirigentes políticos opositores).

Cuando un Gobierno deja de realizar una adecuada lectura de la realidad, las consecuencias, para éste y el resto de la sociedad pueden ser nefastas.

 


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